Celebrar el aniversario como Dios manda (o la importancia de los excesos)

Vaya por delante que con “vuestro aniversario” me refiero al de su pareja y suyo, al que hacen juntos y que festeja el que lleven “equis” años juntos y todo eso. Habrá quien se pregunte si eso es motivo de celebración, bueno, me da igual, celebren si quieren cualquier otra cosa. Nosotros (mi mujer y yo) sí que lo celebramos y aquí estoy para contarlo.

Afortunadamente, además de dos preciosas hijas de (4 y 8 años) mi mujer y yo compartimos algunas formas de ocio… y una de ellas es la buena mesa. Si quieren, pueden llamarla gastronomía.

Pues bien, el otro día, no hace mucho celebramos nuestro 11º aniversario y aunque no nos prodiguemos mucho entre la variada oferta restauradora de Zaragoza, algo sí que conocemos. Pero un poco hartos de cierta “prueba” o del “vamos a conocer este garito nuevo que tiene tanta fama” y demás ya vamos a morir al palo, o al menos al palo que nos gusta y que sabemos que difícilmente nos defraudará. En este caso, en el nuestro, y en Zaragoza ése palo se llama restaurante “La Matilde”. He de reconocer que, además, nuestra filia bien conocida y hoy confesada por escrito, responde a que un servidor tiene un cierto grado de amistad con la familia que regenta el restaurante. Circunstancia que ayuda a explicar en cierta medida que mi mujer y yo nos podamos permitir estos estipendios, aunque sean, como son, de ciento a viento, ya que se trata de un establecimiento de categoría y me hacen un precio especial. Ya me gustaría pero nuestra economía no da para frecuentarlo amenudo. Eso no quita para que “La Matilde” posea una de las mejores cocinas de la zona que conozco, y una carismática y excepcional bodega.

 

En fin, valga este largo pero ajustado proemio para poder transcribirles en qué consistió la importante lifara del otro día. Da mucho gusto, mucho placer, sentarse de tiempo en tiempo en un restaurante (o en casa) y darse el gusto de acometer ciertos excesos gastronómicos. Así, en esta ocasión este fue el mapa culinario que recorrimos:

 Aperitivos:

  • Nuestra clásica mantequilla de anchoas.
  • Minicroquetas de senderillas con hummus de lentejas.
  • Buñuelos de merluza con guacamole.

Entrantes:

  • Timbal de “Joselito” con melón, sorbete de melón, Tronchón y frutos secos caramelizados.
  • Arroz cremoso aragonés de borrajas con chorizo y longaniza de Graus.
  • Huevo poché, caviar de Riofrío, habitas confitadas y crema de jamón.

Segundos platos:

  • Bacalao con salmorejo, pasitas y almendras.
  • Presa ibérica, patata chafada, tomate seco y chutney de ciruelas.

Postres:

  • Granizado de menta y espuma de cacao.
  • Cremoso de melocotón asado, bavaroise de anís estrellado y dulce de leche.

Y como decía, todo esto maridado con una pequeña muestra de lo que puede dar de si la nutrida bodega. De verdad que no me gusta ni pizca esta expresión del “maridaje”, así que digamos mejor, que acompañado por una no menos selecta muestra de aperitivos, vinos, olorosos, destilados y espirituosos:

 

Los excesos como rutina o como anécdota

Sí, sé que es mucha comida, y también es mucha la bebida, en especial teniendo en cuenta que son bebidas alcohólicas… pero ya se lo he dicho, es una celebración especial, y teniendo en cuenta el resto de nuestros hábitos alimentarios y en general de vida, tampoco es como para preocuparse.

Sinceramente no me he tomado la molestia de calcular el balance calórico de esta importante cena, ni tampoco entré a valorar en su día si la cena era “nutricionalmente equilibrada“. Del mismo modo que tampoco en el día a día me molesto en calcular las calorías de lo que como (y llegado el caso ni de lo que comemos en casa todos).

Sin embargo, tanto mi mujer como yo, nos preocupamos que el diario condumio reúna una serie de características que respondan a las más elementales recomendaciones. Por lo general:

  • Que haya una presencia de verduras u hortalizas (frescas o cocinadas) en todas las comidas principales (comidas y cenas),
  • Que los segundos platos tengan guarnición (vegetal, claro está) y
  • Que haya postre (fruta fresca de temporada).
  • Además procuramos que haya una adecuada “rotación” de grupos de alimentos a todo lo largo de la semana, de esta forma una rutina habitual, no encorsetada, suele consistir en un día a la semana arroz (combinado con el arroz salvaje o también con el integral), otro suele haber pasta (si se puede también integral), uno o dos días legumbres (en ensalada, frescas, salteadas y también, estofadas o guisadas) y el resto verduras…

Por todo lo demás nos preocupamos relativamente poco, unos días hay carne, otros pescado, otros no hay ni lo uno ni lo otro. A partir de ahí cada uno come la cantidad que le da la gana; mucho, poco, repite o no… según sus apetencias y en base a cómo se encuentre ese día. Como digo no es un patrón cerrado sino unas orientaciones mínimas que sirven para planificarse.

Por su parte las cenas son más a “salto de mata”, con sobras, sopas, huevos… pero guardando también unas pequeñas “normas”: siempre hay algo vegetal y el postre, salvo alguna excepción láctea suele ser también fruta. Y aquí estamos, no hace falta que comente mi IMC ni el de cada uno de los miembros de la casa. Pueden imaginárselo.

Por tanto estos “excesos” como la celebración que les he comentado hoy, sólo es una pequeña digresión en una rutina mucho más comedida, pero no por ello menos placentera, por que si hay algo que me gusta (yo que puedo) es comer a diario en casa (o casi a diario).

Como leí el otro día en twitter: “La obesidad es una secuencia de desórdenes repetidos con constancia que llevan a un resultado inconveniente”.