“Apología del gordo”: Carta-respuesta a Juan Manuel de Prada

Buda feliz

Los motivos de este escrito se remontan a hace dos semanas cuando se publicó un artículo firmado por Juan Manuel de Prada en el suplemento dominical XLSemanal titulado, tal cual, “Apología del gordo” que se puede leer íntegro en este enlace.

En él, el autor hace una pueril defensa de su ponderal circunstancia, la gordura, atribuyendo a esta característica una serie de elevados valores morales y de carácter en virtud de, según parece, una relación causa y efecto entre el ser “gordo” y poseer una juiciosa ética. Hecho que por lo que se lee le hace levitar dos palmos por encima de los demás.

Los demás, los que no pertenecen a su casta, la de los “gordos”, somos, según de Prada, una especie de masa aborregada por las modas que, o bien somos víctimas propiciatorias de la liposucción, o bien solo sabemos circunscribir nuestra existencia a través de las periódicas vistas a “esos manicomios con olor a sobaquina llamados gimnasios”. No contento con esa clasificación, absurda dicotomía de la naturaleza humana en virtud de su peso en la que al parecer no hay sitio para los grises, aventura de forma gratuita y bastante mezquina que quienes al gimnasio acuden regularmente con el fin de rebajar unos centímetros de su perímetro abdominal, además, “le ponen los cuernos a su mujer con una monitora machuna e inflada de anabolizantes”… y remata la jugada con una frase lapidaria, su conclusión pues, a resultas de esta (su) realidad, no puede ser otra:

Ser gordo, en fin, se ha convertido en un acto de distinción y aristocracia

Así, Juan Manuel, haciéndote pasar por un moderno intelectual, guía espiritual del populacho inconsciente (no sé dónde acabaríamos sin tus escritos) terminas, quieras o no, por poner en alza las trasnochadas y decimonónicas teorías del positivismo criminológico, aquellas de Cesare Lombroso y Raffaele Garofalo, quienes de alguna forma hacían descansar en la fisionomía del sujeto, si acaso no una causa directa de su inclinación al delito, desde luego sí un libro abierto sobre el que leer su carácter o, por ceñirme a tu bodrio satinado, el valor de su moralidad y humor.

… es una evidencia que todos los mandamases de la Unión Europea, esos tiranos disfrazados de eficientes burócratas, son flacos como anchoas; y también que los escritores más revirados y consumidos por los celos se preocupan mucho de mantener la línea. A los gordos, en cambio, nos asiste la virtud de la apacibilidad; y tenemos un aplomo, una forma de llenar el traje y de repantigarnos en el sofá que transmite confianza, empaque, sosiego y majestuosidad.

Como se puede contrastar, mejoras conforme sumas líneas a tu apología. Solo te faltaba haber mencionado que Hitler era delgado, al igual que Himmler… y qué decir de Goebbels, escurridizos flacuchos de carácter tiránico, avinagrado e incluso sádico como bien todos conocemos. Más aún, por si acaso tu absurda teoría falla (los gordos son gente simpática de generosa inteligencia, y los delgados ásperos y de escasos valores morales) aportas tus retorcidas explicaciones ante las posibles excepciones insistiendo una vez más… ¿en la auto complacencia?:

No negaré que haya gordos histéricos y culebrillas, acomplejados y cagapoquitos; pero estos gordos indignos no son sino flacos que viven prisioneros dentro del cuerpo del gordo, flacos disfrazados de gordo a los que conviene encerrar de inmediato en un manicomio con olor a sobaquina, para que se froten la cebolleta con una monitora machuna e inflada de anabolizantes, mientras recuperan su verdadero ser.

De_PradaDicho de otra forma, para ti los gordos chungos en realidad no son otra cosa que flacos cautivos en un cuerpo que no les pertenece… De otro modo no se podría explicar el carácter de determinadas personas que teniendo sobrepeso se comporten de forma mezquina. Déjame decirte pues tocayo, en confianza, que si solo por tu argumentario hubiérase de juzgarte, en mi opinión tú mismo… sí, tú, eres la viva representación de la radiografía de un silbido. Para que me entiendas: por cómo te expresas y solo por ello, aparentas ser un flacucho que te cagas. Siguiéndote la corriente y en el ejemplo que te negaste mencionar, tu caso sería similar al de Göring. Supongo que a estas alturas ya te estarás dando cuenta de la absurdez de tu escrito.

No obstante lo dicho, quiero que sepas que he tratado de comprenderte, algo que en cualquier caso no llegaría a justificarte. Leía el otro día a Luis Jiménez un buen compañero en esto de la divulgación dietética alimentaria, que es preciso coincidir en que sobre las personas aquejadas de obesidad planea un estigma demoledor. Sobre los “gordos” (como tú dices) se hace descansar una torcida imagen, verdaderamente negativa en su resultado, fruto de los prejuicios que la población general les traslada: las personas “gordas” pasan por ser torpes, estúpidas, zafias, cortas de miras y de luces, toscas, necias, vagas, adocenadas… sea como fuere, dignas al parecer solo de mofa y desprecio. Y yo estoy al cien por cien de acuerdo con ese colega: ésa es la injusta imagen que tienen asociada algunas personas cuando, además, se les hace culpables solo a ellos de su crasa circunstancia. Me consta que tú también te has dado cuenta de este ilógico ultraje tal y como has puesto de manifiesto en otro artículo y, de rebote, ahora vas y pagas el agravio con la misma moneda, con la misma injusticia. Pero en tu caso esta forma de actuar es doblemente perversa ya que dándote cuenta de la insustancial ofensa, dando por cierta tu elevada posición y empleando una plataforma pública de amplia difusión y prestigio, aprovechas estas circunstancias para pagar ojo por ojo, diente por diente. El resultado, por tanto, es paradójico. Vomitas críticas sobre aquellos que no son como tú aduciendo una elevada benevolencia fruto de tu genuina condición ponderal y, al mismo tiempo, utilizas los mismos procesos (i)lógicos que el objeto criticado utiliza habitualmente contra las personas en tu condición. Y todo ello como te decía sin dar la posibilidad a los matices de grises. O se es un gordo afable, bonachón, inteligente, aristocrático como tú… o se es una especie de forzudo narcisista, un Hommo croassanis de moral distraída con menos luces que una vespa.

A mí Juan Manuel, qué quieres que te diga, tu escrito, además de no ser el primero en esta línea auto justificativa y autocomplaciente fruto de tu cosecha, me da la sensación que responde a un profundo complejo. Pero no seré yo quien asegure tal diagnóstico, a fin de cuentas, solo soy un ciudadano que no tiene más idea de psicología que aquella que pertenece a la culturilla popular media.

Creo, ya termino, que tus escritos (los del dominical) tratan de ser complejos y, no pudiendo alcanzar la coherencia, se quedan en confusos. En este caso, añado porque me toca… lo profesional, peligrosamente confuso. Digo así porque que a día de hoy haya una persona ilustrada y premiada como tú lo eres haciendo una defensa moral del sobrepeso y la obesidad me parece una grave imprudencia habida cuenta de los muy contrastados riesgos que sobre la salud tienen asociadas tales circunstancias. Déjame decirte que además, en este caso sí que hay verdaderas evidencias de lo que te cuento. Me refiero a esas otras evidencias distintas de las que tú esgrimes de forma torticera en tu artículo.

Por ejemplo, tal y como menciona la propia Organización Mundial de la Salud al hablar de los importantes riesgos sobre la salud de la obesidad, destacan:

  • las enfermedades cardiovasculares (principalmente cardiopatía y accidente cerebrovascular), que en 2012 fueron la causa principal de defunción;
  • la diabetes; y
  • los trastornos del aparato locomotor (en especial la osteoartritis, una enfermedad degenerativa de las articulaciones muy discapacitante)

Como es fácil de comprobar, no se trata de un mensaje aislado. En Estados Unidos, el reconocido Centro para el Control y Prevención de las Enfermedades menciona reconoce que la obesidad supone un incremento del riesgo para sufrir determinadas situaciones patológicas, entre ellas (aunque hay más): enfermedad coronaria del corazón, derrame cerebral e hipertensión arterial, diabetes tipo 2, cánceres, tales como endometrio, de mama y cáncer de colon, colesterol total alto o niveles altos de triglicéridos, enfermedades del hígado y la vesícula biliar, apnea del sueño y problemas respiratorios, la degeneración del cartílago y el hueso subyacente dentro de una articulación (artrosis), complicaciones de salud reproductiva, como la infertilidad y problemas de salud mental.

En nuestro continente el Consejo Europeo de Información sobre la Alimentación (EUFIC) advierte de las consecuencias de la obesidad en similares términos.

Para terminar, es preciso recordar que según una muy reciente publicación en The Lancet en el que se aborda de forma extensiva el problema de obesidad en el mundo con una meticulosidad encomiable, se vuelve a poner de relieve el efecto tanto del exceso de peso como del perímetro de la cintura a la hora de convertirse en riesgos para la salud… con todo el impacto que esto puede tener en la calidad de vida las personas, la salud pública y no nos olvidemos sobre la economía.

Por todo lo dicho, me parece muy peligrosa, desacertada e inconveniente tu apología de la obesidad, Juan Manuel, máxime cuando además se basa en argumentos falaces y contrarios a la verdadera evidencia.

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Posdata: Juan Manuel, sería ridículo pretender competir contigo en tu terreno, el de las palabras, la expresión escrita y demás, pero como última sugerencia te invito a que cuando quieras decir obeso, digas eso, obeso… y no gordo. No solo porque el DRAE le reconoce una acepción, aunque anticuada, claramente negativa, sino porque su uso popular sigue teniendo un clara inclinación peyorativa tal y como se recoge en este recomendable post de un buen compañero Julio Basulto.

Imagen:  Lavoview vía freedigitalphotos.net y De Prada vía Wikimedia Commons

19 comentarios en ““Apología del gordo”: Carta-respuesta a Juan Manuel de Prada

  1. Cualquier artículo escrito por ese señor al final se reduce a lo mismo: a mostrar al mundo lo guay que es él en comparación con lo vulgares y ordinarios que somos todos los demás. Es guay por ser católico, por ser de derechas, por ser gordo, por ser escritor, por llevar gafas, por ser de familia bien, por ser moreno, por llevar corbata. No hay artículo suyo que no acabe en un enaltecimiento de su propia figura en comparación con la pequeñez del resto del mundo. Y que todavía haya quien le tome en serio…

  2. Jaja, muy bueno el artículo de “de Prada”. Por cierto, tú podrías aprender un poquito de ortografía (hay un “tú” que se acentúa y otro “tu” que no se acentúa). Debes ser uno de esos avinagrados de los que habla, flacucho.

    Apreciar el cinismo tampoco te vendría mal.

  3. Últimamente veo mucha publicidad, llámese artículos, blogs, anuncios, etc., en que están promoviendo en el caso de las mujeres, la gordura poniendo titulares como “Mujeres con curvas, mujeres reales, etc.” en la que aparecen imagenes de mujeres gordas, no digo mujeres con 3-4k de más respecto a su altura y tallaje, sino a mujeres con sobrepeso. Eso no es mujer con curvas, es la que tiene unos pechos y caderas en linea y la cintura no va recta sino que describe un ligero arco.

    Se ha puesto de moda que las secuelas por tener hijos (estrías, vientre flacido, pechos caídos etc), es bonito y sobre todo natural, este último termino no lo discuto, pero bonito no es, y se pone a caldo a las mujeres que quieren tener un cuerpo esbelto y firme, casi casi criminalizándolas.

    La gordura no es buena, entre otras cosas por salud, y no solo por colesterol, ácido úrico…. sino por que todas las articulaciones de nuestro cuerpo sufren ese sobrepeso. Tampoco las mujeres esqueléticas ni es tan sano ni tan bonito, todo debería estar un equilibrio altura, proporción de los huesos, masa muscular, etc.

  4. Hacer caso a Prada es tan pueril como enfadarse porque Belén Esteban diga “me suda el co…o”. Ignorarlos es la mejor estrategia.

    Prada ha engordado como un bisonte y de alguna manera tiene que justificar su falta de control sobre la comida. Ser gordo o flaco no te hace mejor ni peor, no existe ninguna “calidad humana” intrínseca a ello y decir que hay gordos “culebrillas” pero también gordos “buenos” es un ejemplo de la estupidez manifiesta de este autor.

  5. Hola elena (¿con minúscula?)

    He identificado uno de esos “tu/tú” y lo he corregido creo que bien, ya me lo dirás si te parece adecuado. El otro no lo encuentro (así que si quisieras ayudarme, estaría encantado). Me esfuerzo cada día por tratar de escribir de forma correcta ya que reconozco que, muy a mi pesar, la ortografía no es precisamente mi fuerte. No obstante gracias por tu consejo.

    Y no te confundas, lo de “avinagrado” es mío, no de “de Prada”, al tiempo que lamento tu juicio de valor sin mayores argumentos (creo) que los de este escrito. Yo, que te voy a decir, no me considero ni flacucho ni avinagrado… ni tampoco en las pocas ocasiones que se me ha visto en un gimnasio le arrimo la cebolleta a nadie.

    Por último, no coincido contigo en aquello de que me convendría apreciar el cinismo… si te refieres a la ironía, sí. Pero el cinismo no. Precisamente lo que más me molestó del artículo de “de Prada” no fue el mensaje en sí mismo, sino lo cínico de este.

    Saludos

  6. A ese artículo (el cual desconocía, así que muchas gracias al autor del post por compartirlo con todos nosotros) no hay que darle más importancia que la que tiene, es un divertimento (brillante, dicho sea de paso) de de Prada para auto-compadecerse de su deplorable estado físico. Dedicarle todo un post intentando responderle es tan pretencioso como el propio Juan Manuel de Prada y queda a la altura del betún, vamos que no hay más que ver cómo está escrito uno y cómo está escrito otro, y empezando porque no sé muy qué encaje tiene en la temática del blog. Ese artículo de de Prada de alimentación y de nutricionismo tiene poco, creo yo

  7. Coincido con Torpedo.

    Por otra parte, aclaro a Pyratilla que los movimientos de autoaceptación que están surgiendo no son una apología de la gordura, sino exactamente lo que parecen: movimientos de autoaceptación. No se anima a todo el mundo a ser gordo, no se insulta a los delgados; se dice: AHORA estás gordo, y aunque deberías cuidar tu cuerpo y amarlo, sería genial que empezaras a hacerlo en este momento. No cuando estés delgado. No dentro de X años. Ahora. Porque tu cuerpo, gordo o delgado, joven o viejo, se merece ser amado.

    Muchas personas viven un auténtico infierno por ser gordas y basan su autoestima y casi su vida entera en este hecho. Y no son seres a despreciar. No está bien que se miren al espejo y se insulten, o se desprecien, igual que los insultan o desprecian por la calle. Es muy triste.

    Por eso se intenta que se acepten, tal como son, como deberíamos aceptar nuestras estrías, nuestras canas, nuestras arrugas. ¿Que alguien quiere cambiar todo eso? Bien, estupendo, hay medios, puedes teñirte el pelo, apuntarte al gimnasio, hacerte un lifting. Pero que no sea porque te odias a ti mismo, que no sea una condicion para sentirte bien contigo mismo.

    Y por otra parte, sí, es posible aceptar tus estrías, la flacidez de tus pechos tras amamantar, tus canas o arrugas. Son la marca del tiempo, de las cosas que has vivido, y no me parecen feas. Para gustos, colores; prefiero a una mujer de 45 años con el pelo sano y natural, con la piel limpia y nutrida, con el pecho y el vientre propio de esa edad, a otra con el pelo decolorado, reseco y frito, la piel cubierta de potingues y dos bolas de silicona a ambos lados del esternón. Pero como digo, para gustos colores, y todo es respetable.

  8. jajajajaja hoy está siendo de lo más divertida no solo la entrada de hoy sino también los comentarios. Muy de acuerdo con Warp. No hay mayor desprecio que no darle aprecio.

    Y recuerda que si buscas Tiendas Online de Alimentación y Bebidas en España somos tu web de consulta, visítanos en http://elpedidohosteleria.com

  9. Sinceramente, tomarse en serio el artículo de De prada, cuando está escrito de forma jocosa y casi autoparódica es bastante patético. No hayq ue ser muy listo para darse cuenta del tono humorístico del escrito.

  10. El tipo este, el Prada, es tonto y lo sabe, como lo sabe se defiende con lo que puede. Es de los que si leyó a Unamuno y pudo entenderlo, no es necesario, pensaría “joder!! me cagontó!!, si tienen razón pero me niego; soy un necio que he de echar la culpa a otro aunque sea haciendo un ehercicio simple de cinismo adornadao”.

    Es tonto, ya está, no, no es gratuito, es argumentable, demostrable y lo mejor de todo es que asumiendo su condición de tonto se adjudicará el título de tonto menor, tonto distinguido o raza superior de tontos. No tienen arreglo.

    Pero sobre todo, sobre todo, lo que le gusta es llamar la atención; bueno, mendigándola:
    https://i.chzbgr.com/maxW500/1407484672/hF2759DE8/

    Saludos.

  11. Por Dios bendito, señor Revenga, menuda falta de sentido del humor tiene ud. Se podrá estar de acuerdo o no con el artículo de Juan Manuel de Prada, pero hay que tratarlo como lo que es, un artículo de costumbres satírico con la obsesión actual por el cuerpo. La superioridad no es “per se” de los gordos, sino de quienes pasan de cumplir con los numerosos preceptos que la actual religión de la “vida saludable” les impone, mucho más penosos que los diez mandamientos de siempre. Gordos pero libres.

  12. es indudable que juan manuel de prada esta a años luz del rojete que le critica y no es porque sea gordo porque jimenez losantos es bajo y delgado y también esta a años luz de este señor.

    lo gracioso es que si este comentario lo hubiera firmado una mujer izquierdista y se sustituyera la palabra hombre por mujer defendiendo que las mujeres no sean delgadas y anoréxicas sobre todo las que desfilan por pasarelas como modelos este mismo que critica estaría aplaudiendo con las orejas, pero como es el prada hay que atacarle como sea.

  13. Gracias pablitocoletas,
    Tu clarividencia es digna de cualquier madrugada televisiva. Sigue así, te presumo un gran futuro, la opinión gratuita, entiéndase sin argumentos, está en alza. Bravo.

    Hola pollito y yomismo,
    con estos temas y en semejantes escaparates públicos pocas bromas… y no, no me ha hecho ni pizca de gracia porque una cosa es satirizar la actual obsesión del culto al cuerpo, con la que estaría plenamente de acuerdo (como ya he dejado muestra en este blog) y otra la absurda y peligrosa apología que hace este laureado escritor en su artículo cuando justifica lo injustificable y deja al que no es como él a la altura del barro.

    Saludos

  14. Soy el único (bueno, yo y unos pocos más) que cree que el artículo es en “tono coña”??

    Pocas bromas se pueden hacer sobre la violencia de género, las víctimas del terrorismo, los discapacitados, las confesiones religiosas de cualquier índole, etc, etc; en todos estos temas, las justas. Pero que ya no se pueda escribir un artículo (coño, encima divertido y fenomenalmente escrito) sobre la gordur….. estoooo obesidad, y encima el autor riéndose de sí mismo, por el amor de Dios, ya apaga y vámonos.

    Encima haciendo juicios de valor personales sobre el autor (“deja al que no es como él a la altura del barro”) que sobran, yo al menos no he lo he apreciado ni leyendo el artículo al revés, al menos así lo veo yo.

    Señor Revenga: el papel de fumar, en el estanco de la esquina. O eso, o ayer desayunó algo en mal estado, y perdón por meterme en su campo que usted es el experto jejeje.

  15. Está claro que mis conceptos de coña, humor, etc son bien distintos!
    Me encantan los monólogos y jamás me ha ofendido un comentario de Ernesto Sevilla,
    Leo Harlem,.. and company hable de gordos, delgados,hombres o mujeres pero este
    ser es el Belén Esteban periodista, el mal gusto hecho palabras. Me ofende bastante pero
    ver que hay quien lo defiende ya es de pena y asco en el mismo segundo. Menos mal que en
    España sigue habiendo gente decente y profesional.

  16. Pues yo creo que te expresas muy bien y la verdad que siempre encuentro tus respuestas de lo más divertido. “Metes en cintura hasta al más gordo” 😛
    Me ha dado vergüenza ajena el recordar un artículo de Joan Barril, fallecido el año pasado:
    http://www.elperiodico.com/es/noticias/opinion/gordos-felices-3788001
    al compararlo con el de “de Prada” del que no conocía nada (y hubiera preferido no hacerlo).
    Joan Barril sí que me hizo reír mucho en su día, sin caer en el desprecio hacia los flacos (delgados, esbeltos…) y con un tono irónico y elegante muy propio de los grandes.
    Coincido con los otros comentarios que dicen que “al otro gordo” lo mejor es ignorarlo.

  17. Creo que el Sr. Revenga no se ha enterado de lo que Juan Manuel vierte, denuncia, pone de relieve, en su enorme artículo. Enorme, por brillante, claro.

  18. Madre mía… alucino con los comentarios defendiendo a De Prada. No está haciendo una crítica a la sociedad actual obsesionada con estar delgado, si conocéis un poco a este señor sabréis que él siempre es mejor que todo el mundo en todos los sentidos, incluso lo que otros consideran fallos como estar gordo para él es una virtud suprema que lo coloca por encima de nosotros pobres mortales.
    Leí un artículo suyo sobre la evolución del hombre que rayaba en el absurdo. Eso sí, con un lenguaje tan rebuscado y rocambolesco que hace difícil no pensar en él escribiéndolo al lado de un diccionario.
    Enhorabuena por el blog, siga así 🙂

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