Si alguna vez te has preguntado qué es la ‘Cocacolonización’, se trata de esto

Fotograma del Film "Uno dos, tres". Indispensable para entender el concepto
Fotograma del Film “Uno, dos, tres”. Indispensable para entender el concepto

Hace ya cuatro años que publiqué este post en el que aludía al concepto de ‘Cocacolonización’ como aquel proceso general, no solo atribuible a la empresa que personifica el palabro, consistente  en explicar cómo buena parte de las enfermedades metabólicas más recurrentes se encuentran asociadas al auge y expansión de ciertas empresas de la industria alimentaria menos aconsejable. Y lo ejemplifiqué con dos historietas que aunque reales, nos quedan relativamente lejos en el tiempo.

Sin embargo, el otro día di con una campaña que pone de relieve con la mayor de las crudezas cómo se realiza en el día a día esto de la ‘Cocacolonización’ y que deja poco margen para la duda. Casualmente está personificada por la compañía que dota de significado a la expresión… o quizá no tiene nada que ver con la casualidad, y precisamente se tomó este nombre por lo típico de este tipo de campañas.

No me enrollo. La campaña se llama Hello Happiness y consiste en siendo conscientes de las dificultades que tiene un colectivo de inmigrantes asiáticos con muy pocos recursos (con un un salario de 6 dólares diarios) que trabajan en Dubai, lejos, muy lejos de sus hogares, para comunicarse con sus familias, facilitarles las cosas. Esas familias son el verdadero motor de que ellos hayan tomado la decisión de salir de sus casas para ganar un modesto dinero con el que poder mantenerlas. Para su educación, para que tengan un mejor futuro, para que sean más felices… tal y como se revela en las declaraciones del vídeo. En esta situación los trabajadores tienen serias dificultades económicas para comunicarse de forma periódica con sus seres queridos… y para ello esta marquetiniana solución.

La iniciativa consiste en poner a disposición de estas personas de recursos limitados un teléfono made-in-cocacola para poder hablar con sus mujeres, hermanos, hijos, padres, etcétera al módico precio de un tapón de cocacola. Sí, has entendido bien, se puede llamar pero para hacerlo no se usan monedas como en la típica cabina de teléfonos, hay que usar tapones de botellas de cocacola. No solo hay que comprarla, hay que abrirla y bebérsela (bien es cierto que se puede tirar). De esta forma se promociona el consumo de este refresco a ambos lados del hilo telefónico: por un lado el interesado ha de comprar el producto y, al otro, al que recibe la llamada, se le queda supongo esa sensación de marca guay, preocupada por la felicidad y que para demostrarlo posibilita la comunicación. Por no hablar de la publicidad que busca la marca con la difusión posterior de la iniciativa (por ejemplo con el vídeo colgado por la propia compañía): “¿Qué tal si cada cocacola aportara un extra de felicidad a la vida de estas personas?”. Veámoslo.

No sé si la marca de la chispa de la felicidad habrá valorado la posibilidad de mejorar la situación de estas personas falicitándoles esa comunicación con sus familias por el dinero equivalente al precio de una cocacola… pero sin comprarla. Eso desde luego tendría también su parte publicitaria a la hora de mencionar las iniciativas de “obra social”  en las que la marca se compromete, pero desde luego ni punto de color con el resultado que hemos visto, en el que poco menos que se obliga a consumir el producto para obtener el beneficio extra. Todo ello en una población que tiene pinta de no necesitar para nada el refresco, azucarado o no, y mucho menos asociarlo a un determinado estatus, obesogénico y diabético, aunque ellos aun no lo saben.

Y también la ‘McDonalización’

Pero aquí la risa por barrios, y en uno más cercano al nuestro, pudimos asistir hace pocos días a la inauguración de “un hogar” para familiares de niños enfermos, edificado en el propio recinto del Hospital Niño Jesús con el fin de que los familiares de niños enfermos en tratamiento médico de larga duración pudieran acompañar a los propios niños cuando estos se desplazan.

Con sinceridad, me parece una idea brillante, pocos colectivos me parecen más necesitados de la cercanía y del calor de sus familias que los pequeños en esa situación. No obstante, y aquí dejo la duda en el aire, hay que tener presente que este edificio, de nombre ‘La casa de Ronald McDonald’ (la del payaso de McDonald para que todo el mundo lo entienda), se construyó gracias a la obra social de la cadena de hamburgueserías… ¿a pesar de ser un servicio muy necesario, es realmente ético aceptar que de estas cuestiones se encarguen las multinacionales de la comida rápida? Y siendo que sí, ¿por qué no se hace a la chita callando en vez de invitar a la inauguración del edificio al político de turno y al propio payaso? ¿Cómo es que no se les cae la cara de vergüenza? Supongo que ni McDonalds ni políticos han oído referencia alguna de aquel pasaje bíblico que hace referencia a que la verdadera limosna consiste en que tu mano derecha no se entere de lo que hace la izquierda.

Quizá les importe poco, y aunque necesarias y beneficiosas, estas estrategias tienen muy poco de generoso y mucho de inversión. Y maldita la falta que hacen este tipo de inversiones.

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8 comentarios en “Si alguna vez te has preguntado qué es la ‘Cocacolonización’, se trata de esto

  1. Es evidente que detrás de estas campañas hay un interés económico, son empresas privadas, su fin es el beneficio, el problema es lo éticamente correcto que nos parezcan estas estrategias y esto hay que comprender que es algo subjetivo.

    Dentro de lo que cabe me parece bien que las grandes empresas empiecen a hacer cosas buenas para ganarse la confianza de la gente, repito obviamente tienen un interés, pero me parece genial ver que lo que más le llama a la sociedad según los apartados de marketing de estas grandes empresas sea el portarse bien con gente más desfavorecida, si esto es un reflejo de la sociedad y es lo que nos hace felices en mi opinión vamos por el buen camino.

    También pienso que no son las empresas más indicadas para hacer ese tipo de campañas (y más saliendo un niño con un sobrepeso evidente en el segundo vídeo), pero más allá de tirarles piedras, por qué no nos centramos en seguir nuestro camino e intentar seguir modificando la mentalidad de la gente a una más sana? No conseguiremos así que a la gente le llame más la atención campañas o empresas que busquen estilos de vida saludables?

    En mi opinión me parece poco útil el pararnos en nuestro camino para girarnos y ver lo que grandes empresas hacen, intentar criticarlas, tirarles piedras, sin conseguir nada más que desviar nuestra atención y pararnos en nuestro camino. Centrémonos en nosotros mismos y que sean ellas (las empresas) las que se vean obligadas a cambiar a favor de la sociedad, tenemos más poder del que pensamos, solo nos hace falta conocimiento verídico, sin sesgos y sin conflictos de interés.

  2. Gracias Alejandro por tu comentario,

    Estoy bastante de acuerdo con tu perspectiva… válida en un mundo utópico. Claro que lo más deseable sería hacer las cosas bien pensando que el resto del mundo va a hacerlas del mismo modo y que en virtud de ello forzaríamos el cambio de estas multinacionales, pero eso, opino, es pensar de una forma demasiado idealista y poco o nada real. Creo que en cierto modo es necesario hacer ver por encima de lo superficial, del mensaje inicial, y tratar de desentrañar los fines últimos de campañas que aunque con cara amable, nos hacen más mal que bien.

    Gracias por tus reflexiones y visión optimista del asunto, las tendré en cuenta

  3. genial Juan “haz el bien y no mires a quien” . estos solo miran su homólogo-negocio y además justificar los desmanes colaterales que causan con sus negocios

  4. Efectivamente la película ” Un, dos, tres ” es un retrato de la lucha mundial entre Coca-Cola y Pepsi-Cola . No han pasado los años por ella. Es genial.

  5. Cuando una se propone dejar de comer “mierda” se da cuenta de lo difícil que es incluso caminar por la calle (te encuentras reclamos son parar). Al final intento hacer dieta no-nonsense, lo cual quiere decir que no me obsesiono pero intento comer lo mas “natural” (entre comillas porque esta un poco manida la expresion) posible (y eso que hoy me he desayunado un croissant… por eso digo sin obsesionarme).

    En resumen, me he acostumbrado a endulzar poco (tomo el cafe, el yogur etc sin azucar, y como me gusta mucho la respostería y hay que echar algun tipo de endulzante lo que hago es poner un maximo de la mitad que me pide la receta, al final me ha acabado gustado todo mas con mucha menos o sin azucar).
    En casa nos hemos acostumbrado a ir al mercado en vez del supermercado, lo que reduce muchisimo las tentaciones y ademas es muy agradable que los tenderos te conozcan. Tenemos una picadora y picamos la carne (de la carniceria) en casa, muchos dias hago yo el pan, hacemos litros de caldo y lo congelamos. Si me apetece un helado, normalmente me lo hago de platano congelado que esta que te mueres de bueno.
    En casa de mis padres cuando voy a comer, hacemos la masa de la pizza desde 0 y no solo esta buenisima, nos lo pasamos muy bien cocinando.

    La cocacola y demas, que repito, no he dejado de tomar ni tengo intencion de hacerlo, solo de vez en cuando, y la verdad, menos mierda me meto en el cuerpo menos me apetece. Y lo que es mas laborioso en la cocina, si coges el habito al final te parece lo normal, en otras palabras, el no tener tiempo es una mera excusa, en casa trabajamos mas horas que un reloj, pero esto es algo que nos importa mucho. Es verdad que el esfuerzo inicial para dar el salto es enorme, los reclamos son terribles.

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