«Bancos de caca» como futura posibilidad terapéutica

bacteriaYa he mencionado en varias ocasiones las amplias ramificaciones que tiene el estudio del estatus ponderal de las personas, su peso, y las diversas implicaciones de no importa qué circunstancias personales, genéticas, sociales, laborales, etcétera.

Si recuerdas esta entrada, la flora intestinal, es decir, las bacterias propias de nuestro tracto digestivo también parecen tener algún tipo de relación con el peso que mantiene un individuo. Que la relación sea causal o no y que siendo causal se dé en un sentido y no en otro, está todavía por ver. En principio hay dos posibles alternativas: se tienen unas bacterias concretas y por eso se tiene un peso determinado; o se tiene un peso determinado y por eso se tienen esas bacterias. Evidentemente, no es lo mismo.

También comenté que este asunto me parece una interesante línea de investigación y como a otros investigadores también les ha llamado la atención, se han dedicado a profundizar en el tema aunque para ello tengan que diseñar estudios no aptos para todos los estómagos.

Es preciso conocer, que a día de hoy son diversas las patologías que se han puesto en relación con una u otra “fauna digestiva”, y de ahí el posible tratamiento con un “trasplante de caca” que contenga ese tipo de flora intestinal beneficiosa. Entre esas enfermedades de las que hablo figuran el asma, algunos tipos de cáncer, determinadas infecciones como las propiciadas por Clostridium difficile (que causa frecuentes cuadros diarreicos y que es bastante resistente al tratamiento con antibióticos), el Síndrome de Intestino Irritable, incluso el Párkinson y tal y como comento también la obesidad y el síndrome metabólico.

A pesar de los buenos resultados iniciales en no pocas de estas patologías, en el caso de la obesidad y de sus comorbilidades la cosa no está tan clara. Así, uno de los más recientes estudios consiguió buenos resultados con esta técnica consistente en “trasplantar” la flora intestinal de de pacientes “sanos” en el tracto digestivo de receptores obesos y con síndrome metabólico. Pero esos buenos resultados solo fueron parciales. Muy en resumen, este tipo de estudios consisten en que un grupo de pacientes con problemas de obesidad y resistencia a la insulina reciba una carga de la flora intestinal proveniente de las heces de individuos sanos y delgados. A estos pacientes se les introdujo una muestra de flora intestinal de los donantes “sanos” a través de una sonda nasoduodenal de tal forma que a las doce semanas (3 meses) de iniciada la intervención los pacientes experimentaron una sensible mejoría. Sin embargo, al cabo de 6 meses se comprobó que esta mejoría desaparecía haciendo necesario continuas aportaciones para obtener el efecto beneficioso de manera permanente. Es como si la flora autóctona de los pacientes terminara venciendo a la foránea. Por tanto, si bien de momento este tipo de “trasplantes” no son del todo eficaces para el tratamiento de la obesidad y para varias de sus enfermedades asociadas, parece más que claro que la flora intestinal de un sujeto tiene mucho que decir en las cuestiones metabólicas y ponderales y que siendo así las investigaciones van a continuar en este terreno.

Quién sabe si en el futuro llegaremos a conocer “bancos de heces” que, al igual que los de sangre, leche materna o esperma y que provenientes de donantes concretos y con determinadas características, sirvan para tratar enfermedades diversas. No suena especialmente glamuroso, pero es lo que hay.

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Imagen: renjith krishnan vía freedigitalphotos.net