6 Razones 6 para NO estar en contra del método Dukan (aunque se esté por otras)

Esta es una entrada de contenido personal, lo aviso. Lo que en ella voy a expresar no tiene por que ser compartido por nadie. Voy a exponer las razones por las que yo NO estoy en contra del método Dukan. Aunque, en realidad, creo que no descubro nada nuevo a nadie si digo que sí estoy en contra, pero eso es por otras razones distintas de estas.

Después de haber leído una serie de disparates y suposiciones por las que yo me posiciono contrario al sistema creo que ha llegado el momento de aclararlas y decir aquellos motivos que NO me mantienen alejado de este sistema.

1. No me quita cuota de negocio. A mí por lo menos no. Más al contrario, desde que el popular despropósito hiperproteico-nutricional se ha puesto de moda no han sido pocas las ocasiones en las que, a título particular, he recibido solicitudes para establecer una cita y venir a mi consulta para que paute una dieta hiperproteica “tipo Dukan”. A todas he dicho que no. Me han insistido en que sabían de los riesgos y que querían estar “controlados” y que se les hiciera un seguimiento. Mi respuesta la misma, que no.  Me han esgrimido que quién mejor que un dietista-nutricionista para “equilibrarla”, para adecuarla a cada persona, etc. Lo mismo, que no. Es decir, gracias a Dukan u otros planteamientos hiperproteicos podría haber hecho más caja y, sin embargo, lo he rechazado.

2. No me molesta que haga transgresiones sobre el conocimiento científico establecido. Más al contrario, me gusta, genera el debate y eso me parece positivo. Lo que no me gusta es que con el sistema propuesto, sea el que sea entre los transgresores, se haga negocio aumentando el riesgo de distintos problemas de salud. Pero en especial me molesta que se consiga engañando a la gente ya que, es preciso reconocerlo, somos muy influenciables por las modas. Demasiado. El Sr. Dukan hace afirmaciones y promesas extraordinarias sobre el éxito en el tratamiento de la obesidad, pero no aporta ni una sola prueba; y tal y como dijo en su día Carl Sagan: «Afirmaciones extraordinarias requieren siempre de una evidencia extraordinaria»

3. No me incomoda que funcione. De hecho me consta que puede funcionar para perder peso (que no es lo mismo que perder grasa) a corto plazo mejor que otras estrategias. En este sentido, funciona a corto plazo y esto queda respaldado por la evidencia científica. Según el último documento de consenso FESNAD-SEEDO sobre la prevención y tratamiento del sobrepeso y la obesidad (del que ya hemos hablado) las dietas hipocalóricas e hiperproteicas (ambas al mismo tiempo) suelen obtener mejores resultados a corto plazo (menos de 6 meses) ante la báscula que las dietas hipocalóricas ricas en hidratos de carbono. Es decir, si se quieren perder 5 kilos (o los que sean) de peso (que no de grasa, insisto) en el marco de una boda a la vista o en el de la operación bikini y aumentar al mismo tiempo las probabilidades de empeorar su salud y de recuperar el peso perdido a corto o medio plazo (probabilidades, no certezas) esta es su dieta, adelante. Además, no se olvide, que si se consiguen perder esos kilos es gracias a que este sistema dietético termina siendo hipocalórico, con independencia de la composición de la dieta (con más o menos proteínas). Ahora bien, si usted es de esas personas que quiere adelgazar (perder grasa, ahora sí) por motivos de salud, conservando dentro de lo posible las máximas probabilidades de mantener el peso perdido, hacerlo con salud, y en el marco de un estilo de alimentación equilibrado y científicamente contrastado, cambie de sistema. Las estadísticas (con las probabilidades otra vez a vueltas) juegan en su contra.

4. No me disgusta que haya gente a la que “le sirva” el método. Ya lo sé, hay gente a la que la homeopatía también “le sirve”… y esta circunstancia no me disgusta tampoco, hace tiempo que aprendí a convivir con esta realidad. Sólo digo que me da pena ver cómo irresolutos “creyentes” consiguen determinados objetivos gracias a la fe en cualquiera de estas estrategias mientras creen que sus metas son alcanzadas en virtud del cientifismo con el que se nos vende el sistema, ya sea el de la dieta, ya sea el de la homeopatía (o el de las flores de Bach, las amatistas del quinto infierno o las esencias energéticas del universo, me da igual).

5. No me da envidia que Pierre Dukan “se forre”. De momento vivo muy bien como estoy, y les aseguro que no cambiaría la paz de mi casa, por el estar tan pronto en un crucero dando consejos y cenando con fanáticos seguidores de mi sistema (si lo tuviera, que no creo que se dé nunca el caso), como más tarde en un avión camino de un plató de Sao Paulo. En sentido contrario, sí me dan envidia las personas que sacan adelante sus vidas y que, siendo por ejemplo profesionales sanitarios, idean una vacuna contra una enfermedad incurable. No tanta envidia me dan (más bien ninguna) aquellas otras personas que se hacen de oro aprovechándose en una lid desproporcionada y a todas luces injusta de la necesidad e ignorancia (a partes iguales) de la población general.

6. No me molesta en absoluto que haya “descubierto” la gallina de los huevos de oro, no me molesta, en definitiva, su éxito o su fama. Y no lo hace porque, en realidad, no ha descubierto nada nuevo. Las dietas hiperproteicas en el tratamiento de la obesidad son tan viejas en el abordaje de esta problemática como el ábaco lo es al mundo de la informática. De hecho la primera dieta popular (de moda, milagro o como quieran llamarlas) para adelgazar de la que se tiene constancia se le atribuye a William Banting, allá por mediados del S. XIX. ¿saben cuáles eran sus postulados? Pues sí, acertaron. Si no los mismos, sí muy, muy requeteparecidos: en esencia la demonización de los alimentos ricos en hidratos de carbono, y la exaltación de los ricos en proteínas, en especial los de origen animal. ¿Acaso la proporción de obesos ha descendido gracias a William Banting, porque mira que ha llovido desde entonces; acaso lo ha hecho gracias a Dukan en los últimos dos años? No hace falta que respondan, es una pregunta retórica.

Así pues, que cada palo aguante su vela, y antes que alguien se ponga a elucubrar sobre las razones de por qué el posicionamiento de la gran mayoría de las sociedades científicas de reconoicido prestigio en todo el mundo, incluidas las de los dietistas-nutricionistas, está en contra de este método, más le valdría tentarse las ropas. En especial cuando se acusa ya no al colectivo en general sino a personas concretas de las que se desconoce prácticamente todo.