Nuevo libro: Beber sin sed (de Carlos Casabona y Julio Basulto)

El Capitan Haddock, insultando, se queda solo. Viñeta de “Stock de coque” (en francés “Coke en stock”) 1958. ISBN 978-84-261-1003-9

Lo reconozco, no lo pude evitar. Cuando oí que dos de mis mejores compañeros en la causa dietética se juntaban para escribir un libro y que este se titularía “Beber sin sed” no pude evitar esbozar una sonrisa de lado a lado al recordar al Capitán Haddock lanzando sus habituales exabruptos. Me refiero a uno en concreto: “bebe-sin-sed” (o en su idioma original boit-sans-soif). Ya me diréis si el título de este libro no os parece suficientemente evocador para cualquier tintinófilo de pro como lo es un servidor. Dicho de otra forma, me tenía que hacer con él sí o sí.

Portada

Más allá de la anécdota personal, es justo reconocer la necesidad que teníamos de un libro como este. Tal y como puede uno suponer a raíz de su título completo (Beber sin sed. Guía para elegir bien lo que bebes) la obra aborda, desde todas las perspectivas dietéticas posibles, el papel de todo lo que como consumidores nos hacemos pasar por la gola y no es comida, sino bebida. Y estas cuestiones son tan tan importante por dos razones. La primera porque tal y como descubrimos entre sus primeras líneas, cada día y de media, ingresamos con las bebidas cerca de una cuarta parte de todas las calorías que en teoría necesitamos. Todos los días, cada día. Por esto y porque hasta donde alcanza mi conocimiento nadie en España -ni fuera de ella- había asumido el compromiso de hacer un exhaustivo compendio de estas cuestiones y de su impacto sobre el pronóstico de salud.

Cada día y de media, ingresamos con las bebidas cerca de una cuarta parte de todas las calorías que en teoría necesitamos

Tengamos en cuenta el agravio comparativo de saber que hasta hace apenas 150 años los seres humanos solo bebíamos una sola cosa: agua. Punto. El resto de posibles bebidas eran, en aquel entonces, mera anécdota. Justo lo contrario de los que sucede en nuestros días, cuando lo que es anecdótico en muchos casos es el consumo de agua.

A pesar de que un servidor tenía ya una perspectiva previa sobre estas cuestiones relativamente acertada, Carlos y Julio lograron que se me pusieran los ojos como platos (o como vasos en este caso) cuando documentan, bien al principio de su texto, que fuera de casa, el reparto de las opciones que se beben vienen definidas por un lamentable ranking: un 45,5% son bebidas con alcohol y un 19,5% “refrescos”, lo que hace que cerca del  65% de todo lo que se bebe fuera de casa tenga un perfil claramente insano.

Muchos, como Haddock, toman poco alcohol. Viñeta de “La estrella misteriosa” (en francés “L’étoile mystérieuse”) 1942. ISBN 978-8426109651

Dicho de forma breve: aunque hay una cierta tendencia a cambiar las cosas, el grado de atención/preocupación/interés que prestamos a lo que bebemos es bastante inferior a la atención/preocupación/interés que dedicamos a lo que comemos. Y no es justo, más que nada porque una muy buena parte del márquetin de lo que bebemos utiliza el punto de palanca de la salud. Y lo hace, principalmente, sacando los pies del texto. Para que me entiendas de una vez por todas: no existe eso de los refrescos saludables, ni de la cerveza ni del vino ni… etcétera. Y la mayor parte de las ocasiones en las que si hay algo que se pueda mencionar a favor de la salud en el consumo de algunas bebidas (ciertas infusiones, aguas minerales…) se hace de forma descontextualizada; abultando sus beneficios y ocultando sus posibles inconvenientes.

No es mi intención chafar el contenido del libro, pero os voy a hacer un ultraresumen: por tu salud y por tu hidratación y las de los que te rodean… bebe-agua-del-grifo. Ya está

Pero como casi siempre en estos casos, aun conociendo o intuyendo el mensaje general, lo importante y lo divertido es el camino recorrido para llegar a ese destilado final: bebe-agua-del-grifo. En ese recorrido te enteras, con los más sólidos argumentos, de cosas como que los biberones de tu bebé (si es que le das biberones) se pueden preparar con esa misma agua del grifo; que la más reciente Guía de Práctica Clínica para el manejo de los lípidos como factor de riesgo cardiovascular desaconseja taxativamente el consumo danacol, naturcol, benecol etcétera (página 24); o que el agua “dura” no es perjudicial ni mucho menos o incluso puede aportar un beneficio extra frente al consumo de aguas “blandas”… y así un largo etcétera.

En resumen, se trata de una obra extremadamente didáctica en la que se abordan todas las posibles familias de cosas que se beben: el agua, los lácteos, las bebidas vegetales, los “refrescos”, las bebidas “energéticas”, los productos “détox”, las bebidas alcohólicas, las infusiones varias, e incluso platos de cuchara como gazpachos y sopas frías. Cada capítulo comienza con un apartado de definiciones o glosario, sin dejar en su desarrollo ni un solo pito que tocar dentro de cada tema. Acaban, además, con un resumen de cerca de media docenas de puntos calientes “para recordar”, y que se apoyan a su vez y con frecuencia en diversas infografías.

Tampoco es necesario cumplir con las recomendaciones de beber siempre 2 litros/día o anticiparse a  la sed  

No quiero despedir esta pequeña reseña sin que sepas el concepto que tengo de los autores. Hay dos palabras, que podrían resumir la actividad profesional de Carlos y Julio, y estas son: compromiso y rigurosidad. Así pues, cada vez que cualquiera de los dos junta palabras para hacer un post en sus redes sociales o para publicar un artículo en cualquier blog o medio hay que estar atento porque sabes que su contenido será sinónimo de calidad. Si lo que sucede es que publican los dos, al alimón, un libro, excuso decirte lo interesante que es que te hagas con él. Tampoco quiero olvidarme de agradecer las cerca de media docena de veces que citan como lectura de referencia o interesante algunas de mis publicaciones ya sea en este mi blog personal o en la página de El Comidista

Debes hacerte con él en este enlace.


3 comentarios en “Nuevo libro: Beber sin sed (de Carlos Casabona y Julio Basulto)

  1. Con ciertos autores no te la juegas, sabes que vas sobre seguro. Otro libro a la lista de lecturas… (demasiados ya!!!).
    Por cierto, la Guía de Práctica Clínica de lípidos que mencionas, supongo que se trata de un documento oficial de algún estamento, ¿no? ¿Es algo accesible, me refiero que se pueda encontrar y descargar, o es algo solo accesible a profesionales?
    Me interesa por el tema Danacol 😉
    Gracias
    Javi

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