La cara oculta de la nueva pirámide estadounidense o el triunfo del malismo

Las nuevas GDA aportan una receta envenenada que combina unos pocos ingredientes saludables con generosas dosis de ideología, propaganda e intereses corporativos

Todos los medios de comunicación se hicieron eco y las redes sociales hirvieron a las pocas horas de la publicación de las Guías Dietéticas para Estadounidenses (en adelante, GDA) de 2025-2030. No era para menos: su icono (la pirámide invertida) y muchas de sus recomendaciones dietéticas son radicalmente rupturistas respecto a los mensajes clave de las ediciones anteriores. Pero apenas se ha hablado del fondo del asunto: por primera vez desde 1980, tras nueve ediciones en cuarenta y cinco años, se ha sorteado el procedimiento científico estándar establecido para su elaboración. Un auténtico atraco a la ciencia perpetrado a cara descubierta.

La guía de la discordia

El procedimiento estándar

Las GDAs se elaboran a partir de un informe mediante un proceso basado en la evidencia científica que incluye varias etapas. Supervisadas por el Departamento de Agricultura de los EE. UU. (USDA) y el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS), las guías se actualizan cada cinco años para reflejar los avances científicos más recientes y garantizar un elevado rigor procedimental. Tanto el USDA como el HHS seleccionan los temas del informe y designan un panel independiente de entre 10 y 20 expertos externos al Gobierno, denominado Comité Asesor de las Guías Alimentarias. Una vez finalizado el informe, se remite al USDA y al HHS que redactarán las GDA sobre la base de sus recomendaciones.

El “atraco” procedimental

En la edición actual, una vez recibido el informe de 421 páginas del Comité Asesor, la administración Trump decidió implantar un proceso alternativo y exprés de revisión de la evidencia para “corregir deficiencias” del informe original. Para ello se creó un panel alternativo de expertos, distinto al Comité Asesor, que emitió su propio informe, The Scientific Foundation For The Dietary Guidelines For Americans, siguiendo un procedimiento opaco y sin los habituales mecanismos de transparencia y participación pública. En apenas 90 páginas, este informe paralelo expone las “preocupaciones” sobre el informe original, qué evidencia acepta o rechaza de él, y la fundamentación que finalmente dará forma a las actuales GDA.

Nada ilustra mejor este giro que la tabla inicial de ese informe alternativo: un checklist donde se muestra, una por una, qué se ha hecho con las 56 recomendaciones del Comité Asesor (aceptarlas, aceptarlas parcialmente o rechazarlas). El resultado es elocuente: solo 14 se aceptan íntegramente, 12 de forma parcial y 30 se rechazan completamente, una exhibición explícita de desacato hacia el panel experto original.

El número de raciones al día del grupo de alimentos menos recomendado y de los grupos más recomendados es idéntica

El “malismo” como estrategia

En los últimos años estamos expuestos a una estrategia propagandística bastante contraintuitiva: el malismo. Consiste en presumir públicamente de conductas o deseos socialmente reprobables con el fin de obtener justificación, prestigio social, rédito electoral o atención mediática , en lugar de esconderlas. En nuestro caso, la administración hace una ostentación exagerada, clara e inequívoca de lo que le parece el informe original del Comité Asesor, visualizando su desmantelamiento como un mérito político. El checklist de las 56 recomendaciones funciona como un “mira lo que hago con tus recomendaciones” elevado a categoría de mensaje.

En la asociación del rifle hicieron apuestas sobre si habría narices o no de poner lo de la testosterona en unas guías de alimentación

El informe alternativo añade capas de inquietud. Muchos de sus autores presentan importantes conflictos de interés con la industria láctea y del ganado vacuno (páginas 11 a 18 del informe alternativo), sectores particularmente beneficiados por las nuevas GDA, lo que introduce dudas evidentes sobre su independencia. Y, como guinda, el documento dedica medio folio a “apoyar la salud de la testosterona en los hombres” (página 64), un elemento innecesario y fuera de lugar en unas guías dietéticas poblacionales, que encaja sin embargo con un malismo de marcado componente de género y exaltación de la masculinidad.

[Nota: sobre el malismo, se recomienda la lectura del libro “Malismo. La ostentación del mal como propaganda”, de Mauro Entrialgo. Ed. Capitán Swing, 2025].

Recomendar contener la presencia de las grasas saturadas en la dieta y animar a incluir carne de vacuno, sebo, mantequilla y lácteos enteros es contradictorio

La justificación y la falacia

En uno de los episodios más bochornosos de instrumentalización de la ciencia, las guías actuales sostienen que la crisis de salud que sufre la población estadounidense es consecuencia de una “Dieta Americana Estándar” promovida durante décadas por las propias recomendaciones federales. Según esta lógica, las antiguas GDA habrían impulsado alimentos de muy baja calidad y altamente procesados, responsables de la epidemia de obesidad y enfermedades crónicas, lo que constituye una falacia post hoc ergo propter hoc: asumir que, porque algo ocurre después, fue causado por lo anterior.

La realidad es que ninguna versión previa de las GDA ha recomendado refrescos, snacks dulces o salados, bollería, cereales de desayuno azucarados ni otros ultraprocesados; más bien al contrario, los ha desaconsejado o relegado claramente. Sin embargo, son precisamente esos productos los que caracterizan la alimentación real de buena parte de la población. La evidencia disponible muestra, además, que la adherencia de los estadounidenses a las GDA ha sido históricamente baja, lo que limita el impacto real de las recomendaciones sobre los patrones de consumo cotidianos. Culpar a las guías previas de ser la causa directa de la mala alimentación y de sus consecuencias sanitarias es, como mínimo, un ejercicio de demagogia.

Sí, muchos estadounidenses comen mal y están enfermos por ello, pero no es por seguir las recomendaciones de guías anteriores

Ruptura simbólica y geográfica

La actual administración no solo ha querido marcar un “antes y después” en el contenido, sino también un corte simbólico y “geográfico” con la tradición de las GDA. Para ello, ha creado una web exclusiva y alternativa (realfood.gov) que sustituye en la práctica a la página histórica que albergaba todas las ediciones previas de las guías, presentando el cambio como un “reseteo” total de la política nutricional federal. El mensaje es claro: no se trata de una actualización incremental, sino de un cambio de régimen normativo y visual, con nueva iconografía (la pirámide invertida) y nuevo relato político.

Las incoherencias internas

Más allá del proceso y del contexto político, la presente edición de las GDAs incurre en múltiples contradicciones internas que chocan frontalmente con la evidencia científica más reciente:

  • En el texto se recomienda no superar el 10% del valor calórico total de la dieta con las grasas saturadas, sin embargo, al mismo tiempo, se aconseja el consumo habitual de carne y sebo de vacuno, así como de mantequilla y lácteos enteros. Y es que, además, en la famosa pirámide invertida (que, por cierto, nadie ha explicado aún) los alimentos más privilegiados son los ya mencionados.
  • En la imagen, los cereales integrales son los más perjudicados (en el vértice inferior) sin embargo, cuando se comparan las raciones/día propuestas con las raciones de los alimentos más destacados resultan ser idénticas: de 2 a 4 raciones/día.
  • Las legumbres directamente no aparecen en la pirámide invertida: ni en posición privilegiada ni como elemento a moderar, a pesar de su papel central en los patrones dietéticos saludables y su capacidad para aportar proteínas, fibra y micronutrientes con bajo impacto ambiental. Esta omisión simbólica refuerza la centralidad de la proteína animal en el nuevo relato.

Por todo ello, las actuales GDA 2025-2030 no solo han llamado la atención por su contenido y recomendaciones, también hace gala de un radicalismo científico y procedimental importante.


Nota: Hay una versión de texto publicada de manera original en The Conversation (puedes acceder a él en este enlace). En ambos casos se trata de un artículo redactado en colaboración con el Dr. José Miguel Soriano del Castillo. No son artículos idénticos pero sí muy parecidos. Esta versión contiene una mayor carga de opinión.

8 comentarios en “La cara oculta de la nueva pirámide estadounidense o el triunfo del malismo”

  1. Esos conflictos de intereses a los que se alude, evidencian, una vez más, los largos y variados tentáculos que tiene la industria alimentaria, con intereses no siempre en línea con la salud (por decirlo suavemente).

    Si creemos que la población no ha seguido en el pasado lo indicado en aquellas guías, quizá quepa alguna esperanza en que no sigan de cerca lo recomendado en éstas. Pero da mucho miedo …

    Quiero creer que alguien sensato sea capaz, en el futuro, de demostrar científicamente los perniciosos efectos sobre la salud poblacional de semejantes cambios en las guías nutricionales. Y se vuelva a la cordura.

    1. Gracias Manuel,
      esa es la esperanza, que si bien el estado de salud de los norteamericanos no es fruto, precisamente, de seguir las indicaciones de las Guías anteriores, lo más probable es que estas tampoco las sigan.
      Saludos,

  2. Colóquese en el lado izquierdo de la pirámide. Con la cabeza al lado de la gamba, o del chuletón, si su altura es mayor. Empuje ligeramente a la pirámide, aprovechando que está en un equilibrio altamente inestable. Muy importante no equivocarse y tirar de la pirámide, puesto que acabaría usted aplastado, y además no conseguiría el efecto deseado.
    La pirámide empujada, siguiendo las leyes de la física, pivotará sobre los cereales integrales, y caerá para apoyarse sobre el lado que muestra plátanos, lechuga y zanahorias. El chuletón ahora queda en la cúspide.
    Dese por satisfecho por haber conseguido una mejora sustancial de la pirámide nutricional con tan sencillo acto, derrotando así al malismo, aunque sea solo en su imaginación.
    Si es usted hombre, sienta como su testosterona se mantiene exáctamente en el mismo nivel, y no se preocupe.

    Gracias siempre, Juan, por informarnos, y por mostrar ese saludable punto de cabreo ante estas situaciones de mierda.

    1. Toda la razón, Javier,

      El apaño que propones lo vi hace días en redes sociales y lo cierto es que queda estupendamente. Consiste, como bien explicas en “volver” a una verdadera pirámide, dándole una base. Para ello solo hay que poner ese lado derecho que mencionas como base… y más o menos queda bastante apañada, desde luego mucho más que la propuesta original. Bien visto.

      Un saludo y gracias por pasarte de nuevo a comentar

  3. Muchas gracias por tu visión crítica de eso que ha hecho Trump con los consejos de salud dietética.
    Aunque España no sigue esa manera de actuar y tiene otras prioridades y mecanismos de aprobación de productos y fármacos, viene bien echar luz al despropósito para que incautos que piensen que América está mucho más avanzada en todo, recapaciten. Gracias!

    1. Gracias Sandra,

      Decir que un país o una determinada administración no tiene esos criterios o mecanismos es arriesgado. No te digo que no, pero creo que es mejor decir que “de momento no” o “de momento no demasiado”. Lo comento porque todas las guías de alimentación, al menos la inmensa mayoría, se pliegan a ciertas presiones económicas o políticas en mayor o menor grado.

      Un saludo y de nuevo gracias por tu comentario

  4. En la nueva Guía también sorprende la poca relevancia de los pescados, tanto azules como blancos y el excesivo protagonismo de las carnes rojas y los lácteos en detrimento de las proteínas de origen vegetal procedente de legumbres y cereales. Me imagino que las grasas trans hidrogenadas estarán totalmente eliminadas de la dieta.

    1. Hola Pedro,

      Efectivamente. Podría argumentarse (ellos, me refiero) que no es una fuente típica o clásica de su estilo de alimentación, pero tampoco lo es el aceite de oliva y lo promocionan pese a que la mayoría de los estadounidenses no conocen ni en pintura, es más, no saben ni que existe. Los sinsentidos de estas guías son alucinantes.

      Gracias por pasarte por aquí a comentar. Saludos

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