El secreto de las dietas y productos milagro: decir lo que queremos oir

La presencia de la primavera, la semana santa ya en el recuerdo, el alargamiento de las horas diurnas, el ligero aumento de las temperaturas (aunque con el riesgo de la aparición de olas de frío «inesperadas») y los anuncios del Corte Inglés anunciando que ya es primavera en sus pasillos, suele acompañarse del punto de partida de las operaciones bikini, de la irrefrenable pulsión de abrazar tanto yogures con el cero por ciento de materia grasa como refrescos light, de rebuscar en el armario prendas más ligeras (y que dejan más visibles las lorzas) y, como no, del seguimiento de un sinfín de dietas con el fin de perder en tiempo récord los kilos acumulados durante años.

Las dietas milagro existen, lo sabemos todos. Son decenas, no, cientos; es una realidad sobre la que nadie niega su existencia… aunque se esté haciendo una de ellas. Pero claro, con una salvedad, la que cada uno sigue en ése preciso momento es la valida y, en ése caso, no se trata de una «dieta milagro». Claro.

Aunque individualmente nos obcequemos en que la nuestra es la válida, todas las dietas milagro reunen una serie de características y comparten múltiples denominadores comunes. Si yo saco a colación la dieta del grupo sanguíneo y la etiqueto como «dieta milagro», aparecerán, seguro, encolerizados seguidores de la misma que harán comentarios defendiendo su validez y que mire usté, que cómo me atrevo a decir semejantes barbaridades si en la Universidá de Colunga demostraron que funcionaba y que tal y que cual, etc. Lo mismo ocurrirá si menciono en este grupo, por ejemplo, la paleodieta, la de los potitos, la del sirope de arce, la de la grasa parda, la de la calabaza, la Dukan, la ortomolecular, la isodieta, la dieta del sandwich, la del pomelo, el tomate o la de la manzana, la dieta de las palomitas, la del cáctus, o la dieta anti-idiotas, etc. por poner unos pocos ejemplos (les aseguro que todas, absolutamente todas las citadas existen… y muchísimas más). Dará igual, siempre saldrá alguien diciendo que a él o a ella, o a su vecina del quinto les ha funcionado alguna de las mencionadas (o cualquier otra de las que se quedan en el tintero) y que cuentan con prestiogiosísimos estudios. Y me da lo mismo, qué quieren que les diga.

La entrada de hoy está dirigida para todas aquellas personas que en su día fueron víctima de una dieta milagro, que la creían buena, que les funcionó (un ratito) y que luego ya no. Es para todas aquellas personas que habiendo o no habiendo realizado dieta alguna, se plantean en el momento actual acoger en su regazo una dieta, sea la que sea, y depositar en la misma sus adelgazantes esperanzas. Para todas esas personas hay una información que me gustaría compartir con ellas (obvia por todo lo demás):

Si una dieta o producto para adelgazar parece tan «bonita» como para ser mentira

es que probablente lo sea (mentira, me refiero)

Adelgazar no es fácil

Pero el caso es que caemos. Y caemos en sus garras porque hay algo a lo que nos es muy fácil sucumbir y no es otra cosa que el hacer caso a aquello que nos gusta o gustaría oir. Y como esto lo saben muy bien los promotores de las más variopintas dietas y productos milagro ¿qué es lo que hacen? Pues alegar, decir, publicitar todo aquello que, aun siendo ilegal publicitar, ansiamos oir en un método adelgazante, por ejemplo expresiones de este tipo: Probado clinicamente, sin esfuerzo, sin pasar hambre, con resultados de éxito, totalmente eficaz, etc. y entonces ¿que hacemos? pues lo compramos… total por probar no pasa nada, muy en especial si nos dicen que además el producto, sistema, energía, método, terapia, etc. adelgazante es «natural». Claro, es verdad, como es «natural» mal no me va a hacer, claro, claro, claro.

El caso es que sí que «pasa» y me temo que este tema, el de las consecuencias del «por probar no pasa nada», será motivo de otra entrada.

Hoy quería centrarme en cuánto de vieja es la técnica de la «charlatanería científica» para vendernos cualquier cosa, en este caso un producto adelgazante exprés. Lo primero que se me ocurre para ello es evocar la figura del » timador-vendedor de tónico sexual» fantásticamente ilustrado en la serie Los Simpson cuando Homer y el abuelo recorren viejas carreteras para timar a los pueblerinos

Pero estas cuestiones son mucho más antiguas, tanto como mear contra la pared (los varones). Ya hubo quien se preocupaba y denunciaba sobre estos temas en otras épocas, e incluso quien acuñó su correspondiente frase en latín, que refleja sin dobleces lo que quiero decir… y lo que nos pasa. Se trata del «Populus Vult Decipi» de Jan van de Velde (1641) que quiere decir «La gente quiere -reclama- ser engañada» ante la típica estampa de «charlatán de mercado» mostrando sus panaceas ante los ojos de unos atónitos -y futuros- clientes.

Sin embargo, hoy los charlatanes no visten ropas histriónicas, no venden sus productos en carromatos pueblo en pueblo (¿se acuerdan de las pelis del oeste?) no dan voces al estilo de los charlatanes arquetípicos… los charlatanes de hoy en día, muchas veces, visten bata blanca, hablan de ciencia y ponen leyendas en sus productos del estilo «de venta en farmacias» cuando no pueden hacerlo tal y como ha denunciado más de una vez la Asociación para la Autoregulación de la Comunicación Comercial (más conocida como Autocontrol o AUC). También lo pone así de manifiesto un artículo de 2011 de la Facultad de Comunicción de la Universidad de Navarra («La publicidad con pretendida finalidad sanitaria en la radio española. Un análisis empírico por tipo de emisora»): «El 16,72% de los engaños hacen referencia al uso de estos productos en centros sanitarios o a su distribución a través de oficinas de farmacia […]: “en tu farmacia”, “pídelo hoy mismo en tu farmacia”, “de venta en farmacias” o “pueden comprarlo ya en su farmacia”, son algunos ejemplos que informan del punto de venta del producto».

Así pues pongan en tela de juicio cualquier cosa que suene «demasiado bien» como para ser cierta. Tengan en cuenta que si así fuera, el ser cierta, todo el mundo lo sabría, todo el mundo lo compraría (a fin de cuentas algunos no son tan caros, otros sí) y nadie padecería obesidad salvo por voluntad propia. Que no les engañen, adelgazar con salud no es inicialmente fácil ni rápido.

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Foto 1: Recuerdos de Pandora

Foto 2: Wiki en Español

Foto 3: Images from the History of Medicine (NLM)