¿Tiene clara la ciencia las recomendaciones sobre el consumo de carne roja y procesada?

No te quepa la menor duda que sí. Esas recomendaciones están en la línea de que la población general reduzca el consumo que actual mente se tiene carnes rojas (consumimos mucha o demasiada) y que el de carnes procesadas sea cuanto menos mejor y cero es la cifra imbatible. Esto no quiere decir que el día de mañana cambien las recomendaciones a este respecto, pero para ello se habrá de usar nuevos datos o una metodología que diga lo que hasta la fecha conocemos bien.

Hoy la carne roja es la estrella

Os cuento todo esto por que esta semana se publicó una guía de consumo que recomendaba casi casi lo contrario: mantener el consumo actual tanto de carne roja como el de procesada. Y por que hoy he publicado un análisis de dicha guía en @ElComidista y que tienes a tu disposición en este enlace:

COME MENOS CARNE: UN CONSEJO QUE SIGUE SIENDO VÁLIDO

El caso es que la famosa guía comete varios errores a la hora de obtener sus conclusiones y de ahí que suenen tan raras. Por si no quieres o te da pereza leer el post, aquí te resumo en titulares algunos datos del asunto:

  • Los datos que ha analizado esta guía no son novedosos, ya se conocían y (en parte) en base a ellos teníamos las recomendaciones que teníamos: “come menos carne roja y procesada”.
  • La guía ha obtenido resultados estadísticos distintos por que ha procesado esos datos de forma distinta a la anteriormente aplicada. Y claro, sus resultados son diferentes.
  • Gran parte del problema, tal y como han señalado importantes entidades, epidemiólogos e investigadores, reside en que la metodología estadística empleada no debe aplicarse a la clase de datos con los que se contaban. Si lo prefieres oír con una analogía: esta guía ha usado los criterios de calidad de un coche y se los ha aplicado a un camión. Y claro, salen cosas “raras”.
  • Además, en la obtención de datos a analizar esta guía ha omitido (se desconoce la causa última de así hacerlo) otros importantes estudios con datos que a buen seguro hubieran matizado el mensaje final de la guía en cuestión.
  • Resulta también curioso que los resultados preliminares en los que se deberían basar las recomendaciones finales de la guía no coinciden.
  • En resumen y a juicio de buena parte de investigadores: Mala ciencia.

Han criticado la guía, y dado sus razones:

Actualización 5/10/2019: El periódico The New York Times (NYT) se hizo eco con fecha de ayer de un comunicado en el que al parecer se vincula al autor principal de la reciente guía con la industria cárnica, una relación que a priori era imposible de efectuar ya que dicha persona, el Dr Johnston, había declarado no tener conflictos de intereses. En palabras del propio NYT: “en diciembre de 2016, el Dr. Johnston fue el autor principal de un estudio similar que intentó desacreditar las pautas internacionales de salud que aconsejan consumir menos azúcar. Aquel estudio, que también apareció en Annals of Internal Medicine , fue financiado por el Instituto Internacional de Ciencias de la Vida, o ILSI, un grupo comercial de la industria en gran parte respaldado por empresas de la industria agroalimentaria y farmacéuticas y cuyos miembros incluyen a McDonald’s, Coca-Cola, PepsiCo y Cargill, uno de los procesadores de carne más grandes de Estados Unidos. Ese grupo industrial, fundado por un alto ejecutivo de Coca-Cola hace cuatro décadas, ha sido acusado durante mucho tiempo por la Organización Mundial de la Salud (entre otras instituciones) de intentar socavar las recomendaciones de salud pública para promover los intereses de sus miembros corporativos.


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