Nuevo libro: “El mito vegetariano”. Metafísica de parvulario disfrazada de nutrición

Hace ya un tiempo que evito leer, y sobre todo reseñar en este blog, libros con los que un servidor no comulga. En este caso hago una excepción a causa del relativo revuelo mediático que ha generado esta obra de Lierre Keith y lo  mucho que se me ha preguntado en redes sociales sobre el asunto. También ha ayudado en esta excepción que haya sido la propia editorial la que amablemente me envió motu proprio un ejemplar. Creo que de otro modo jamás hubiera superado el hojeo al que someto cada libro a pie de estantería en la librería al uso y, por tanto, jamás lo hubiera adquirido.

ElMitoVegetariano

Cayó en mis manos a principios del mes de junio cuando aún no había oído hablar de él, y lo primero que me llamó la atención fue la fecha de publicación. Esta obra se publicó originalmente en Estados Unidos en 2009 bajo el título completo: The Vegetarian Myth: Food, Justice and Sustainability. Es decir, que no creo que sea por casualidad que sea ahora y en estas latitudes cuando se decide publicar en España aprovechando el tirón (otros dicen #trendintopic) que han alcanzado las cuestiones vegetarianas por estos lares. El hecho de que la imagen de la portada del libro sea un cráneo sobre unas tibias cruzadas en lo que remeda ser los septos naturales de un tomate cortado por la mitad, ayudan a apoyar esta idea, es decir*:

¿Qué tal si publicamos ahora un libro polémico que cuestione el concepto de vegetarianismo mientras el tema esté surfeando la ola? –sugirió un trabajador de la editorial-

-¡Venga! Y ponemos en la portada una imagen descontextualizada y amarillista, que llame mucho la atención y que nada tenga que ver con la original –respondió la jefa-

Empezaré diciendo que me ha costado Dios y ayuda acabarlo, se me ha hecho eterno y he tenido que poner todo de mi parte para no dejarlo a medias. La autora, una activista feminista y ecologista tal y como se recoge en la “bio” del propio libro,  describe a lo largo de 5 capítulos su transición desde la práctica del vegetarianismo más disparatado (el que ella en conciencia practicaba de más joven, y que entonces le parecía lo más adecuado en base a su moralidad y para la salud del planeta) al omnivorismo tendencioso recomendando, al final, focalizar cualquier elección alimentaria en lo que podría resumirse como la paleodieta más desustanciada.

Creo que no descubro nada si reitero mi parecer al respecto de que considero la alimentación vegetariana como una elección adecuada siempre y cuando se den dos premisas: que la persona que la elija no tenga problemas de salud personales que la hagan incompatible, y que cuando se elija esté bien planificada. El caso es que al hablar de la autora, no parece que ella fuera una persona para la que la opción vegana fuese, por salud (la suya en concreto) la mejor elección. Eso en primer lugar, y en segundo, al leer entre líneas todo apunta a que el conjunto de su minuta vegana era especialmente restrictivo, insuficiente y desequilibrado, ya no solo para ella en particular, sino para cualquier persona en general. Esto es importante ya que la autora hace descansar todos sus males físicos (y mentales) que no eran pocos ni leves, en la dieta vegana. Y no en la suya, sino en todas. En cualquiera.

No pretendo caer en discriminaciones ad hominem pero es la propia autora la que parece excusar los contenidos de su propia obra cuando en la introducción ya empieza justificándose al reconocer que:

“Provengo de un largo y venerable linaje de alcohólicos depresivos, por lo que es evidente que no heredé los mejores genes en cuanto a salud mental se refiere”.

Y si bien no es algo que explique el contenido del libro (es decir, lo inexplicable) sí que puede ayudar a obtener una versión plausible de su porqué.

En el libro no hay nutrición, no hay ciencia, solo experiencias personales y citas (muchas de dudosa o nula credibilidad) que Lierre Keith ha entresacado sin que se conozca su criterio. En realidad y como se apunta en el título de este post, el libro recoge las diversas divagaciones metafísicas que cualquier niño medianamente instruido ya ha superado a la edad de 12 años. La más evidente, la hipótesis ecológica de Gea (Gaia) propuesta por James Lovelock  por la que todos los organismos vivos y las materias inorgánicas forman parte de un sistema dinámico e íntimamente interconectado, considerando a la propia Tierra como un ente, un organismo en sí mismo (si viste la peli “Avatar” ya sabrás, más o menos, en qué consiste) . Con este punto de partida Lierre Keith se hace una activista ecologista y decide poner en práctica tres de los principios básicos de esta condición: no tener hijos, no conducir un coche y cultivar sus propios alimentos. Y en esta dinámica con 16 años se hace vegetariana sin entender uno de los principales mensajes de la película de Disney “El Rey León” relativo al ciclo de la vida.  La conservación de la vida, de cualquier cosa que esté viva, se convirtió por tanto para la autora en algo obsesivo que le llevó a seguir las más estrafalarias conductas tanto a la hora de llevar su propio huerto, como a la hora de terminar restringiendo sus opciones dietéticas y terminar comiendo, lo que fuera, con cargo de conciencia. Y es que al fin y al cabo todo lo que comía había estado vivo. Todo. Y que para llenar su plato, primero había que matar la comida e incluso matar otros especímenes (pertenecientes al mismo nicho ecológico que su comida). Y eso para ella era inconcebible y durante un tiempo innegociable. No es de extrañar que llegado este punto alcanzara a valorar la opción del respiracionismo (alimentarse de la energía del universo, de la del sol, de las buenas vibraciones de los seres vivos o de lo que fuera, pero sin probar bocado, nunca, de nada).

Al mismo tiempo la cuestión sexista destaca de manera importante en el discurso de Keith. Y digo sexista habida cuenta de mantener una posición beligerante y activamente discriminatoria hacia los varones. Digamos que una misandria recalcitrante tiñe, cuando no colorea intensamente, buena parte de sus argumentos. Y así, en una de sus reflexiones al respecto de lo que debería comer (cosas que crecen donde ella vive) se encuentra el siguiente fragmento, y cito textualmente:

“Y así ¿qué crece donde vivo? se convierte en ¿por qué somos tan numerosos? Y esto nos conduce a la siguiente pregunta: ¿quién controla el cuerpo de las mujeres? ¿las personas que efectivamente son mujeres? ¿O son las mujeres un mero recurso entre los muchos que están a disposición de los hombres, en su eterna cruzada por demostrar su tóxica masculinidad y criar soldados para mantener el constante estado de guerra de la civilización? La masculinidad y la guerra –contra las personas, contra el planeta- han creado juntos una maquinaria de funcionamiento perpetuo para el control y la destrucción de la tierra y de los derechos humanos. Tendremos que detenerlos a ambos para salvar este planeta. Esta es la razón por la que el militarismo es una cuestión feminista; la violación una cuestión medioambiental; y la destrucción medioambiental una cuestión de paz”.

¿En serio? Pues sí, en serio, está en la página 84. Imagínate con qué ánimo puede enfrentar el lector las siguientes 324 páginas.

"El militarismo es una cuestión feminista; la violación una cuestión medioambiental; y la destrucción medioambiental una cuestión de paz"
“El militarismo es una cuestión feminista; la violación una cuestión medioambiental; y la destrucción medioambiental una cuestión de paz” (Keith Lierre)

Sobre las cuestiones nutricionales poco o casi nada. Le dedica un capítulo a las razones nutricionales por las que NO hay que hacerse vegetariano. Es el más corto y como ella no es nutricionista ni tiene una formación científica (eso salta a la vista en las 20 primeras hojas) son recurrentes las citas a unos pocos gurús nutricionales curalotodo a los que sigue, y le sirven para justificar sus desvaríos. Las deficiencias nutricionales que la autora explica son inherentes a la dieta vegetariana (a la suya), se centran en la imposibilidad de obtener vitaminas liposolubles (principalmente A y D) así como a la necesidad de obtener grasas animales (en especial las saturadas) y proteínas (en particular, portadoras del aminoácido triptófano). Nutrientes que según ella, y solo según ella (además de sus gurús vende-suplementos) es imposible incorporar siguiendo un estilo de alimentación vegetariano (crasos errores, todos). Sí que es cierto que puntualmente se puede coincidir con algunas de las argumentaciones de su discurso, pero me da que estas coincidencias responden al síndrome del reloj parado; es decir  que incluso un reloj parado –analógico- es capaz de dar la hora correcta dos veces al día.

En resumen

El libro me ha resultado insufrible. No me ha gustado, ni tampoco me suelen resultar simpáticas las personas con perspectivas similares a las de la autora. En la obra se relata con los más descontextualizados argumentos y datos las experiencias vitales de la autora que inicialmente se hace vegetariana por motivos éticos (muchos muy cuestionables desde mi punto de vista). Entonces un día, estando más que crecidita, se da cuenta (oh sorpresa) que para comer hay que matar y que este paradigma es inevitable y se da en todos los niveles de la vida. Al mismo tiempo sus graves y dolorosos problemas de salud (física y mental) hace que se cuestione la (porquería) de dieta que sigue. Progresivamente se va planteando el cambio, se atormenta, pero también mejora (físicamente… lo de mentalmente tendría mis dudas) a medida que incorpora productos animales a su dieta. Más allá de las cuestiones nutricionales la obra es un manifiesto político y medioambiental en el que la idea-fuerza de su transición (del vegetarianismo al omnivorismo) se justifica en la pésima industria agrícola centrada en las cosechas anuales (principalmente de cereales) que arrasa con cualquier ecosistema natural. Aquí es dónde un servidor podría entrar al debate con la autora apoyando, en cierta medida, su perspectiva. Algo que imagino sería imposible habida cuenta de su carácter reaccionario antes que activista.

Por último, he de reconocer que sin haber sido objeto de la iluminación que la autora dice haber sufrido y que le ayudó a entender algunas cosas, es posible que el parecer que acabas de leer sobre esta obra sea todo un disparate y por tanto esté equivocado al emitir mi reseña… pero mientras nadie ni nada me ilumine, es lo que pienso.

Mi conclusión: Con los motivos adecuados, con una suficiente objetividad y con dos dedos de frente se puede ser tanto un buen vegetariano como un buen omnívoro. Sin esos ingredientes podemos encontrarnos con discursos como los del libro “El mito vegetariano” que flaco servicio hace a cualquier seguidor de cualquiera de las opciones alimentarias.

El MITO vegetarianoEditorial Capitán Swing Libros SL, 2009. De Lierre Keith. 408 páginas


* Nota: Diálogo inventado

6 comentarios en “Nuevo libro: “El mito vegetariano”. Metafísica de parvulario disfrazada de nutrición

  1. Me encanta tu reseña, Juan. Como siempre, sin pelos en la lengua y con locuacidad. Un abrazo.

  2. Menudo esfuerzo habrás tenido que hacer para terminarlo…
    Gracias por la reseña!

  3. Muy buena la reseña. Esas locas teorías y tonterías como ahora salen diciendo que la vaca aumenta la huella de carbono y bla bla bla y que? Habría que matarla? Y que alimentarse de carne es un peligro y bla bla tonterías. O esos locos que alimentan a sus mascotas con vegetales cuando su sistema no esta para eso bla bla.

  4. Creo que confundes misandría con el ataque a una masculinidad tóxica. Ésta no es ineherente al varón, sino cultural.

    No veo odio hacia el hombre en sus palabras, sino el rechazo a un sistema patriarcal, que no es lo mismo para nada.

    Un hombre que sale del torrente machista, sigue siendo hombre. Vuestra hombría no es tan frágil como la cultura machista intenta haceros creer. Y tan es así que cada vez hay más hombres feministas. Y lejos de desintegrarse se fortalecen y liberan, expandiendo su ser a través de uma masculinidad positiva.

    El ataque al machismo NO es ataque a los hombres. El ataque al patriarcado y su violencia no es misandría. Sois nuestros hijos, mujeres y hombres, y os queremos vivos y felices.

  5. No tiene que ver estrictamente con la noticia en sí, pero no he podido evitar que me venga a la cabeza lo siguiente. ¿Qué opinas de las recurrentes informaciones sobre los beneficios / perjuicios de determinados alimentos? Jamón ibérico, aceite de oliva, etc. Algunas incluso respaldadas por organismos oficiales. Dicen que los embutidos son muy malos, a los 2 años que son muy buenos, lo mismo con el aceite, el vino (que si una copa al día beneficia la salud), la cerveza… ¿Son informaciones objetivas? ¿Crees que hay alguna “mano negra” detrás? ¿Soy un consparanoico?

  6. Buenos días. La verdad es que la editoriales hace ya tiempo que vieron el filon de la nutrición y las estanterías de cualquier librería aglutinan no menos de 100 títulos relacionados con el tema y entre ellos, obviamente, mucha morralla. Personalmente me decanto por autores españoles, ya que adaptan sus opiniones/recomendaciones al mercado patrio. Y por supuesto releo sinopsis y glosario. Al final te quedas con un par de autores de “cabecera”. Saludos.

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