La burbuja de los suplementos promete soluciones ineficaces en un entorno marcado por el negocio
Si Super-Ratón levantara la cabeza, no podría estar más orgulloso al comprobar cómo ha calado su recomendación después de ochenta años y en el mejor entorno alimentario jamás soñado. Sus palabras, “… y no olviden supervitaminarse y mineralizarse” resuenan hoy en día, mientras disfrutamos de una accesibilidad y seguridad alimentaria inaudita. Sin embargo, actuamos como si este hábitat de sobreabundancia no fuera suficiente. Cada vez más gente recurre a la suplementación, al tiempo que un creciente número de profesionales sanitarios se adhiere al anacrónico, innecesario y lucrativo consejo de Super-Ratón.

Las publicaciones científicas son claras: el uso de suplementos suele ser innecesario en nuestro entorno, resulta caro y no está exento de peligros. Además, los embajadores que los promocionan suelen incurrir en diversos ilícitos.
Distintas son las situaciones concretas en las que la suplementación sí está indicada de forma protocolizada (déficits secundarios, vegetarianismo, embarazo, y poco más), y que aquí no se cuestionan.
Así ha cambiado el contexto
Me deja perplejo ver en qué se ha convertido el negocio de los suplementos. Lo que antes podía parecer un nicho más o menos limitado, principalmente a las farmacias, es hoy una romería comercial: marcas nuevas cada semana, promesas en cápsulas y una procesión de influencers, falsos divulgadores y coaches, en donde no faltan perfiles con titulación sanitaria estrenando su propia línea de suplementos. Como quien saca una colonia o una sudadera con su logo, lo mismo, pero con declaraciones y promesas de salud.
Si yo hubiera pensado en montar algo así hace años, lo habría dado por imposible. Habría imaginado un camino empinado, lleno de exigencias técnicas, controles, complicaciones regulatorias, fabricación, logística y distribución. En resumen: un negocio serio.
Pero no. Resulta que han aparecido infinidad de empresas dispuestas a servir el chiringuito entero en bandeja. Te ofrecen un negocio llave en mano: marca personal, fórmulas supuestamente exclusivas, diseño, fabricación, empaquetado, almacenaje y reparto. Solo hace falta elegir el color del bote y decidir si quieres prometer energía, descanso, fertilidad, memoria o paz interior.
El influencer pone la cara, los followers y el relato. Estas empresas ponen el catálogo. Y entre unos y otros convierten la credulidad en modelo de negocio.
El marco legal
Popularmente conocidos como “suplementos” y legalmente como “complementos alimenticios”, los complementos alimenticios están sujetos a la normativa alimentaria. En sentido contrario a lo que opinan muchas personas y profesionales sanitarios, de los suplementos no se pueden decir más cosas que aquellas que se pueden atribuir a los alimentos. Más allá de la popular –pero errónea– perspectiva hipocrática, los alimentos, legalmente, no son medicamentos y, por tanto, los suplementos, tampoco. Pero los suplementos cuentan con una baza ganadora: se comercializan en forma de cápsulas, pastillas, sobres de polvos, ampollas, botellas con cuentagotas, etcétera, lo que recuerda terriblemente a un fármaco. La clave está en unir esta característica a ciertos mensajes publicitarios para que los consumidores rellenen los huecos con lo que les gustaría que fuese verdad. De esta forma se cree adquirir el remedio para la astenia, alopecia, debilidad, impotencia, obesidad, dolores articulares, etcétera, entre tantos otros problemas.
No obstante, los suplementos, a diferencia de los fármacos, no tienen que demostrar una eficacia clínica para su comercialización. Basta cumplir con la legislación alimentaria, la misma que aplica a una mermelada de albaricoque. Así lo dice el artículo 8 del RD 1487/2009: “Las empresas responsables de la producción, transformación, envasado, almacenamiento, distribución, importación y comercialización de complementos alimenticios, estarán sujetas a lo dispuesto por el Real Decreto 1712/1991 sobre el Registro General Sanitario de Alimentos”.
El negocio
En esta “tormenta perfecta” han aparecido empresas cuyo negocio consiste en ofrecer a los influencers una marca personal para comercializar “sus propios” suplementos. El proceso es extremadamente sencillo:
1º Escoger un nombre comercial potente;
2º Decidir qué se va a vender (colágeno, proteína whey, creatina y bisglicinato de magnesio están ahora arrasando en el mercado);
3º Anunciar en redes sociales que tu formulación es fruto de un intenso trabajo de revisión de la literatura científica para ofrecer las mejores soluciones y seleccionar las mejores materias primas; y
4º Sentarse y vender.
Entre las marcas españolas que se dedican a este negocio, destacan, entre otras, Vitabrandia con más de 190 opciones de suplementos, Martínez Nieto S.A., Ynsadiet, Factory Diet, Laboratorios Best Medical, Barosa Labs, Laboratorios Natysal y la empresa denominada Fabricantes de Suplementos. Su servicio “llave en mano” ofrece encargarse de todos los pasos para crear una marca desde cero y entregar el proyecto listo para su comercialización. En realidad, todas ofrecen lo mismo: asesoramiento legal, diseño del logo, logística y creación de una narrativa.
La imagen superior es una infografía real de un laboratorio promocionando sus ventajas a influencers (puedes ampliarla pinchando en ella)
¿Qué hace falta para comercializar suplementos alimentarios?
Solo hace falta dinero para llegar a un acuerdo con las empresas que proveen el suplemento.
Pero, ¿hace falta estar constituido como empresa? No.
–
Y, ¿se necesita ser un profesional sanitario? No.
–
Entonces, ¿se requiere algún tipo de titulación académica? Ninguna.
–
¿Hay que darse de alta en algún sitio? Cumplir con las obligaciones fiscales.
–
¿Hay que hacer análisis o controles de calidad a los productos que van con “mi marca”? No.
Dadas las facilidades para la comercialización de los complementos alimenticios, el escaso control que se ejerce sobre ellos y conocidas las esperanzas de una población, deseosa de creer en cualquier atajo que solucione sus problemas de salud, no es de extrañar el auge de este mercado. Solo hace falta publicidad. Y tampoco demasiado, porque los milagros se venden solos. La ausencia de ciencia detrás del aval de tantos suplementos se compensa con una importante dosis de márquetin.

Los riesgos
Un estudio reciente con más de 20.000 usuarios de suplementos durante un año no encontró ningún dato objetivo que justificara tomarlos. Eso sí, los usuarios informaron que se encontraban mejor al tomarlos, aunque ninguna variable analítica lo confirmó. Pero hay algo peor que la ineficacia.
Dado el escaso control sobre su composición (a diferencia de los medicamentos), no es raro que algunos complementos contengan sustancias no declaradas, dosis erróneas o incluso fármacos, dando lugar a productos adulterados. Es solo la punta del iceberg. Algunos estudios han cuantificado en más de un 80% la adulteración intencionada con inhibidores de la fosfodiesterasa 5 en suplementos “naturales” para el aumento del rendimiento sexual; o en más de un 20 % en suplementos para la pérdida de peso (de nuevo “naturales”) con sibutramina. Y en el caso de productos para la mejora del rendimiento deportivo, una revisión encontró casos de adulteración con sustancias dopantes entre el 14 y el 50 % de las muestras. Estos ejemplos ponen de relieve el riesgo que, sobre la salud pública, implica el escaso control que se ejerce sobre los suplementos en general.
El problema
El 90 % de las afirmaciones de salud de influencers y vinculadas a la promoción de suplementos en Instagram fueron inadmisibles. Este fue uno de los hallazgos de una evaluación llevada a cabo por un centro oficial alemán de control de alimentos. Además de “inadmisibles”, esos contenidos pueden catalogarse de falsos e ilegales en el marco regulatorio de la UE, empezando por el Reglamento (CE) n.º 1924/2006. Esta normativa, relativa a las declaraciones nutricionales y de propiedades saludables en los alimentos, prohíbe de forma explícita (artículo 12) las recomendaciones de salud comerciales provenientes de cualquier profesional de la salud.
En España, cerca de la mitad de las resoluciones y dictámenes de Autocontrol de la Publicidad del último año estuvieron relacionados con los ilícitos en los que estaba implicado un influencer. En el último, una farmacéutica quedó señalada al publicar y publicitar un suplemento “para las defensas” incumpliendo tres normas: el mencionado Reglamento 1924/2006, el Real Decreto 1907/1996, sobre publicidad y promoción comercial de productos, actividades o servicios con pretendida finalidad sanitaria y la Ley 17/2011, de seguridad alimentaria y nutrición.
En cualquier caso, la capacidad real de vigilancia queda muy por detrás del volumen de mensajes en redes y medios, de modo que la mayoría de estos ilícitos nunca llega a tramitarse.
Nota: Hay una versión de texto publicada de manera original en The Conversation (puedes acceder a él en este enlace). No son artículos idénticos pero sí relativamente parecidos. Esta versión contiene una mayor carga de opinión.
Una de las contradicciones más curiosas es que, como indicas, estos suplementos que se venden en forma de pastillas, recuerdan poderosamente a los medicamentos, lo que probablemente les confiere un aura de eficacia. Maravillosamente, al mismo tiempo, el típico usuario de estos suplementos soltará todo tipo de pestes acerca de los medicamentos y sus terribles efectos secundarios. Se quedan tan panchos con la asociación que les interesa, pero la otra parte, la olvidan sin problema. La oferta de suplementos es realmente delirante.
Por otro lado, que alguien me explique por qué en las farmacias se venden estas cosas. Entiendo que forma parte de un problema con muchas aristas, y que a día de hoy una farmacia que solo vendiera medicamentos, estaría abocada al cierre. Pero no puede ser que un mismo establecimiento me proporcione mis medicinas, recetadas por los médicos del sistema sanitario oficial, y a la vez, el colágeno de marras, entre mil potingues innecesarios. Farmacias con farmacéuticos, para dispensar medicamentos, y poder acudir a ellos en caso de problemas. Digo yo que cinco años de carrera deberían ser útiles más allá de vender pastillas. Las farmacias, perfectamente reguladas y controladas, integradas en el sistema sanitario.
El resto, a las parafarmacias. Tiendas de “cosas”, más o menos útiles, incluso inútiles, para el que las quiera. O a los supermercados, donde ya ocupan estantes y estantes. Pero no mezclemos conceptos que no tienen nada que ver.
Hoy día lo que tenemos son unas farmacias que parecen una feria de productos, y los medicamentos, escondidos en la trastienda.
Todo este rollo no hay manera de resolverlo sin una regulación infinitamente más estricta. Mientras se permita vender crecepelos, los habrá. Es un negocio demasiado jugoso, y obviamente la ética de una gran cantidad de influencers es la que es.
Un abrazo.
Javi.
Hola Javi,
Muchas gracias una vez más por comentar. No puedo si no estar de acuerdo contigo a pie juntillas.
Hablando de contradicciones, otra en la que caí en la cuenta el otro día sobre este mismo tema es el de esas personas que toman “cosas” por que les falta “lo que sea” y, sin embargo no se las dan a sus hijos. Es decir, además de creyentes en los milagros, son malas personas 😉 Me río por no llorar.
Sobre el porqué en en las farmacias se venden estas cosas la respuesta es la misma que por las que venden caramelos de menta y hierbaluisa o de miel y limón, o tantas otras cosas. Y la razón en genérico es, como tú bien apuntas, por el negocio. Y ya está.
Redundando en tu perspectiva de los crecepelos, me acuerdo de una frase que se la oí por vez primera a Manuel Toharia (no sé si será suya), cuando dijo que mientras haya bobos, existirán los engañabobos.
Abrazos!
Los consumidores estamos bastante expuestos a este tipo de publicidad. Y muchas veces confiamos en la veracidad de las palabras y de los consejos de algún influencer que desde un principio , digamos que nos resuena, pero, desgraciadamente , muchos son los que llegan a “caer” en la trampa de aprovechar su prestigio para obtener un beneficio económico. Agradezco este artículo, ayuda a tener una perspectiva más crítica , mostrando la parte que los consumidores no llegamos a ver. Saludos!
Hola Rosa,
Imagínate si para ti supone un desengaño el ver a ciertos perfiles hacer estas cosas, lo que puede suponer a los profesionales que estamos de alguna forma implicados.
La rabia y la decepción es infinita cuando vemos que este o aquel perfil que considerabas buen compañero, sensato, profesional, etc. se pasa al lado oscuro, al de engañar a la gente y hacerse de oro en el proceso. Y da igual que ese compañero tenga muchos o pocos seguidores, tenga el perfil “verificado” o no en esta o aquella red social, porque de todo hay. Es profundamente decepcionante y a la larga, una lacra para la profesión.
Gracias por tu comentario. Abrazos!