Un acontecimiento que objetivamente no tiene nada que ver con la alimentación termina generando todo un ecosistema de contenidos editoriales que aprovechan el interés del momento para ganar visibilidad

Es el SEO, el maldito tirano del SEO (Search Engine Optimization), el que ha propiciado la aparición de infinitos contenidos en Internet —y radio, prensa, TV o RRSS— en los que la palabra ‘eclipse’ aparece asociada a no-importa-qué. La única finalidad es captar tu atención y ganar un clic con algo que es tan #trendingtopic como efímero.
Los títulos son los 100% imaginables y faltos de creatividad de siempre: “Cómo afecta el eclipse a tu alimentación”, “Los siete alimentos que has de evitar durante el eclipse”, “Menú indispensable para el día del eclipse”, “Qué debes comer durante el eclipse solar del 12 de agosto” o cualquier tontada por el estilo. Sea lo que sea, todo sea por el SEO.
Tres niveles para aprovechar el SEO, del legítimo al desinformante
No todo es crítica ni vale lo mismo, ni mucho menos. Aprovechar que millones de personas van a interesarse estos días por el eclipse para ofrecerles un contenido relacionado con él no tiene, en principio, nada de reprochable. Al fin y al cabo, los medios siempre han organizado parte de sus contenidos en torno a la actualidad. La diferencia está en qué relación existe realmente entre esa actualidad y lo que se pretende contar. Es decir, si esa relación es legítima o solo persigue el clickbait o contiene fake news.
- El oportunismo legítimo. Si miles de personas van a desplazarse para observar el eclipse, tiene todo el sentido ofrecer información sobre dónde comer, qué establecimientos estarán abiertos, qué preparar para un pícnic o incluso qué restaurantes han diseñado una propuesta gastronómica para la ocasión. Guía Repsol, por ejemplo, ha publicado una selección de recetas para llevar al eclipse, y algunos restaurantes han preparado menús inspirados en el fenómeno astronómico. El eclipse es aquí el contexto, no una supuesta causa de necesidades alimentarias diferentes. Las cuestiones de seguridad alimentaria en estos contextos también importan y, por eso, la AESAN ha publicado diversos contenidos poniendo el acento en el tema.
- Retorciendo la presunta relación. Ya no se trata de una propuesta gastronómica o de un consejo de seguridad alimentaria mientras se contempla el eclipse, sino de qué comer durante el eclipse, qué alimentos conviene evitar o cómo adaptar nuestra alimentación ese día. En estos casos el titular convierte una simple coincidencia temporal en una aparente relación entre el fenómeno astronómico y nuestra salud. Los titulares-pregunta del tipo “¿Qué alimentos debes evitar durante el eclipse?” llevan incorporado un veneno que muchos lectores aceptarán incluso antes de abrir el artículo: que, efectivamente, hay alimentos que deberían evitarse aunque luego en el contenido se informe (o no) que, con la ciencia en la mano, no existe tal relación de alimentos prohibidos y permitidos durante un eclipse.
- De las insinuaciones a las invenciones tóxicas. Algunas páginas aconsejan ayunar durante los eclipses, evitar determinados alimentos o incluso no beber agua. Otras sostienen que la disminución temporal de la radiación solar favorece la proliferación de microorganismos en la comida, que ciertos alimentos pueden quedar afectados por las radiaciones del eclipse o que añadir determinadas especias permite protegerlos. Aquí el eclipse ya no es una simple excusa editorial, y se utiliza para difundir bulos y patrañas. Muchas veces bajo planteamientos religiosos e incluso con pretendidas explicaciones científicas.
El problema no es utilizar una palabra de moda para conseguir lectores, likes y visitas. El problema empieza cuando, para justificar haberla utilizado, hay que inventarse la realidad y trufar el contenido de absurdeces.
El calendario editorial de la alimentación tiene, en un solo año, más temporadas que Los Simpson o Anatomía de Grey
Tu cuota de atención es limitada y tu instinto insaciable
El eclipse es solo la anécdota de hoy. Dentro de unos días habrá otra. Y después otra más. Nuestra capacidad para prestar atención es limitada, pero nuestro interés por aquello que se sale de la rutina parece bastante menos dispuesto a reconocer sus límites. Así como las ganas de ofrecer una explicación a todo y obtener una solución mecanicista. Y donde hay atención, hay una oportunidad para colocar un contenido.
En alimentación conocemos bien el mecanismo. Dos veces al año llega el cambio de hora y, puntualmente, aparecen los consejos sobre qué comer para adaptarnos al nuevo horario. Llega septiembre y tenemos los alimentos que ayudan a afrontar la vuelta al cole. En primavera y otoño reaparece la astenia y, con ella, qué debemos comer para combatirla. Llegan los exámenes y descubrimos los alimentos para estudiar mejor; una ola de calor trae su correspondiente dieta; enero, los inevitables propósitos para “depurarnos” de los excesos navideños. El calendario editorial de la alimentación tiene, en un solo año, más temporadas que Los Simpson o Anatomía de Grey.
Reempaquetar los consejos de siempre en base al calendario y circunstancias personales
No se trata de negar que algunas de las anteriores circunstancias puedan afectar al sueño, al apetito, al estado de ánimo o a nuestra organización cotidiana. Y pese a ello, ¿sirven para justificar realmente recomendaciones alimentarias específicas? Porque, cuando uno llega al final de muchos de esos artículos, después de atravesar el inevitable titular sobre “los alimentos que debes comer para…”, suele encontrarse con los mismos consejos de siempre: consumir frutas y verduras, incluir legumbres y cereales integrales, beber suficiente agua, limitar el alcohol y los productos de peor perfil nutricional y mantener unos horarios razonablemente ordenados.
Es decir, para combatir la astenia primaveral se nos recomienda comer saludablemente. Para sobrellevar el cambio de hora, también. Para afrontar septiembre, lo mismo. Y probablemente el próximo eclipse, la próxima ola de calor o el siguiente acontecimiento susceptible de convertirse en tendencia acabarán conduciéndonos, tras unos cuantos párrafos, exactamente al mismo sitio.
Quizá no estemos ante recomendaciones específicas para situaciones diferentes, sino ante las recomendaciones generales de siempre convenientemente reempaquetadas para hacerlas coincidir con aquello que hoy reclama nuestra atención.
¿Por qué caemos siempre en los titulares del tipo: “qué debes comer para…”?
Funcionan porque concentran varias promesas muy potentes en muy pocas palabras:
- Prometen una solución concreta y personalizada. “Alimentos para dormir mejor”, “para tener más energía”, “para mejorar la memoria”, etc. convierten un problema complejo en una respuesta aparentemente sencilla. Estos contenidos, dan la impresión de que responden exactamente al problema del lector, aunque luego las recomendaciones sean las mismas de siempre.
- Dan sensación de control. Comer algo parece una acción inmediata, accesible y bajo nuestro control, frente a factores mucho menos manejables como el estrés, el sueño, la edad o el contexto social.
- Apelan al pensamiento causal fácil. Sugieren una relación directa: comes X y obtienes Y. Aunque la realidad nutricional rara vez sea tan lineal. Convierten el comer en una herramienta terapéutica sobredimensionada.
- Encajan con el nutricionismo. Reducen la alimentación a ingredientes, nutrientes o productos aislados, en lugar de hablar de patrones dietéticos, contexto y hábitos. Además, el nutricionismo favorece la verborrea pseudo o para-científica.
- Son fáciles de recordar y de compartir. “Cinco alimentos para…” entra mucho mejor en la cabeza que una explicación sobre probabilidades, magnitud del efecto y calidad de la evidencia. Al mismo tiempo, se activa la curiosidad: incluso aquellos que sospechan que el titular exagera pueden pensar: “A ver cuáles son”. Y con eso el click ya está conseguido.
- Permiten reciclar contenido indefinidamente. Cambias el problema final y puedes reaprovechar casi la misma pieza: alimentos para el cansancio, para el otoño, para los exámenes, para la menopausia, para el cambio horario…
El miércoles la Luna se interpondrá entre el Sol y nosotros durante unos minutos. No hace falta modificar la dieta por ello. Lo que quizá sí merezca la pena revisar es todo lo que algunos son capaces de interponer entre la realidad y nosotros para conseguir un clic.